Carlos el Magno

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

“Se obtiene más con miel que con hiel”

Siempre que viajo trato de ir a un lugar que se salga de la ruta a donde va cualquier turista; por eso, cuando estuvimos en Alemania animé a Valente a que me acompañara a Aquisgrán, conocida como Achen en alemán. Se preguntarán qué tiene de particular y a lo mejor más de uno nunca había escuchado de esta ciudad. Les cuento que Achen es la ciudad donde está el palacio de Carlomagno, quien fue el Gran Emperador del Sacro Imperio Romano de Occidente.

Carlos nació en el año 742 y se convirtió en rey de los francos a la muerte de su padre. Con la herencia del trono franco y su talento expandió su dominio a casi toda la Europa que conocemos en estos días. Carlos llegó a ser emperador de Occidente por una conveniencia política del Papa León III, que por quedar bien con él y sobre todo necesitarlo, en la Noche Buena del año 800 lo corona en la Catedral de San Pedro como el Emperador del Sacro Imperio Occidental, dándole tal poder que el mismo pontífice después de la coronación se arrodilló ante él.

El poder de Roma imponía, pero Carlos ahora no sólo tenía poder sobre su reino sino sobre todo lo que se dictara en casi toda Europa, ratificando además la obligación de defender la fe cristiana. Sólo para contextualizarlos, al Imperio de la Roma cristiana no le alcanzaba el brazo para administrar todos los territorios y por lo tanto la parte oriental de Roma se nombró Imperio Bizantino con sede en Constantinopla y el Imperio de Occidente con sede en Roma.

Le comenté que Valente que decidí hablar de Carlomagno porque es un personaje de la historia que siempre se me hizo fascinante y en estos días en los que se habla de las habilidades que se deben tener en el trabajo y cómo los jefes se deben transforman en líderes, se me hizo un buen pretexto hablar de ese viaje a Aquisgrán y del gran Carlomagno.

Se dice que a diferencia de los reyes de su época dominaba el arte de hacer alianzas y su reinado se distinguió por una lucha contra las tradiciones de los clanes y las tribus que eran enemigos entre ellos y que no permitía la integración. Él logró integrarlas por medio de consensos sin modificar radicalmente los usos y costumbres, obteniendo con eso la obediencia de los súbditos.

Además, contrario a lo que hacían los otros monarcas donde las tierras quedaban a favor de la corona, Carlos concedía tierras y beneficios a cambio de fidelidad; pero siempre con la reserva de mantener la lealtad a su persona y a su corona sin distinción de clases. Y si alguien le fallaba con algo mínimo siempre podía tener alguna segunda y última consideración dando otra oportunidad.

Carlomagno se caracterizó por ser el primero en la historia de los francos que no hacia diferencia entre clases sociales, seleccionando a los mejores hombres por sus habilidades. Como buen cazador que era, aplicaba en su política las habilidades aprendidas en la caza como la astucia, el valor y la intuición. Además desarrolló la capacidad de observar y sobre todo esperar el momento adecuado para conseguir el objetivo buscado. Carlomagno se distinguió más por hacer amigos y aliados que enemigos y adversarios, esta última lección la deberían aprender algunos gobernantes de hoy que se empeñan en dividir y polarizar, como si el mundo necesitara más división.