Candidatos, palabras e imprecisiones

Por David Saúl Guakil

Hace poco más de una semana tuvimos oportunidad de ver a los aspirantes a la presidencia de nuestro país, en un debate bien organizado; con moderadores a la altura de las circunstancias y candidatos dispuestos a poner las cosas en claro en esa oportunidad de exponer sus ideas ante una multitud de televidentes -que luego las cifras situaron en 20 millones de personas si tomamos en cuenta televisión abierta y de cable, más Internet y sus redes sociales. Sin duda, uno de los eventos de mayor expectativa para los ciudadanos.

El resumen de lo visto -desde mi personal punto de vista-, es que el debate transitó entre gráficas exhibidas, propuestas, señalamientos y acusaciones, más alguna que otra descabellada amenaza, con corte de manos incluidas, contra aquellos que se atrevan a robar, si el que la propuso llegara a gobernar México.

Creo que nos sorprendieron algunas revelaciones en lo que a exposición se refiere, por ejemplo la buena conducción de Ricardo Anaya, que fue el más joven, por lo tanto el de menos experiencia y sin embargo se manejó con absoluta fluidez y buenas expresiones.

En la intervención del licenciado José Antonio Meade, aunque pulcra, se notó algo de tibieza en su denuncias y le faltaron remates más contundentes a la hora de las acusaciones, parecía mermado por los mismos cuestionamientos que se le hacen hoy al gobierno del partido al cual pertenece -el asesinato de los tres estudiantes de cine en Guadalajara, encendió otra vez la polémica en el tema de la inseguridad-, donde evidentemente la gente sigue culpando a los gobiernos en turno, incapaces de brindar seguridad y protección a sus habitantes, aún en este caso triste donde eran chicos que sólo estudiaban una carrera.

La participación del que va primero en las encuestas y por “lógica de impulso” sería mayormente cuestionado, Andrés Manuel López Obrador, fue más parca y medida que lo esperado, porque no contestó -supongo que como parte de su estrategia-, preguntas que resultaban vitales tuvieran su respuesta, sólo amagó responder ante la insistencia desmedida del Bronco cuando lo cuestionó, como parte de su propio show. “Quedó a deber” el candidato de Morena, con su austera, repetitiva y poco convincente postura. El hecho de no haberse despedido de los otros participantes en el final, sobre todo considerando que ahí había una dama, reflejó su enojo, malestar o indiferencia, ¿qué habrá pasado por su cabeza?

El caso de los independientes merece comentario aparte. Margarita Zavala con un discurso de corte proteccionista: “yo lucharé por ustedes”, como aprendido de memoria, con claro perfil escolar, muy básico y endeble para todo lo que está en juego en nuestro país, con todo respeto, la sentí mal asesorada en temas tan álgidos como concretos que exige nuestra realidad actual. Dejo para el final a Jaime Rodríguez, el Bronco, que impactó pero de la peor manera, o sea, utilizando ejemplos que rayan en la violencia y números que nunca pudo comprobar fehacientemente. Sus palabras descontroladas y exigencias prepotentes  para con los otros participantes, lo metieron en un verdadero galimatías, propicio más como buen material para memes, que tomado en serio por la gente.

El próximo debate es en nuestra querida, transitada y vivida Tijuana, espero mayor nivel de competencia, tanto en propuestas como en exposiciones generales de los contendientes.