Canaco, el Centenario y la fiesta

Por El Informante

Canaco, el Centenario y la fiesta

La Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Tijuana, mejor conocida como Canaco, tiró la casa por la ventana para celebrar sus 100 años de existencia en la ciudad, pese al berrinche de su presidente, Olivaldo Paz, porque el Ayuntamiento no le entregó alrededor de 8 millones de pesos supuestamente prometidos para la ocasión.

Eso no impidió que la Canaco celebrara su aniversario con invitados de lujo —no es broma—, como Catalino Zavala, vocero de Morena en BC, o la diputada federal con licencia Evangelina Moreno, mejor conocida como la “Rica Manzana”, quienes engalanaron la noche de los pequeños comerciantes.

Olivaldo Paz aprovechó la ocasión para lucirse frente a los miembros de la Cámara que sí lo apoyan, así como ante expresidentes como David Saúl Guakil, Octavio Corona y Julián Palombo. No ocurrió lo mismo con Mario Escobedo, quien, dicen, no es bienvenido bajo esta presidencia tras el conflicto con el CCE.

Otro de los ausentes fue el diputado Fernando Castro Trenti, uña y mugre de Olivaldo Paz y de quien se dice que es la mano que mece la cuna de la Canaco, pues habría impulsado a Olivaldo para llegar a la presidencia frente a Karim Chalita, candidato de Jorge Hank Rhon.

Aunque el Diablo, apodo de Castro Trenti, no asistió, quizá porque envió a su esquirol Evangelina Moreno, sí estuvo bastante activo en los eventos de la Cámara publicados durante los días previos al festejo.

Otra de las asistentes fue la regidora Magali Ronquillo, carta de Catalino Zavala para algún próximo cargo público en Morena, quien ha cuidado los intereses de “Tracalino” en el Cabildo de la ciudad.

Olivaldo Paz, como no se veía desde hace tiempo, ha asumido un protagonismo hasta el cansancio mediante confrontaciones y señalamientos, tanto así que al magno festejo no acudió ninguna autoridad de relevancia.

Patético show de Ayala

Bien sabido es que en temporada de precampaña algunos aspirantes son capaces de todo con tal de jalar reflectores. Pero hay casos que superan el ridículo y entran de lleno en el terreno de lo patético. Ese es el saldo que dejó el senador con licencia Armando Ayala el pasado 24 de julio en las oficinas de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (CESPT).

Acompañado de un grupo de ciudadanos, Ayala montó un espectáculo para presentar quejas. Hasta ahí, nada extraño. El problema fue el método: llamó a la directora Mónica Vega a su teléfono personal, la puso en altavoz y buscó ponerla en un evidente predicamento frente a los demandantes. Un acto más propio de un reality show que de un aspirante serio a la gubernatura.

Mónica Vega hizo lo correcto al rechazar recibirlo personalmente, argumentando que podría interpretarse como una violación a la ley electoral. Su negativa fue prudente y apegada a derecho. Sin embargo, para Ayala pareció más importante el golpe mediático que el fondo del asunto.

Quien conozca la trayectoria de Armando Ayala en Ensenada no se sorprende. Durante su gestión como alcalde se le recordó más por su trato déspota y distante con la ciudadanía que por abrir puertas o resolver problemas. Son numerosas las anécdotas de grupos de vecinos que acudían a protestar y se topaban con una muralla de soberbia.

Hoy, el mismo que no atendía a los ensenadenses quiere hacerse pasar por defensor incansable de la gente. Los videos del incidente, que circulan ampliamente en redes sociales, no ayudan a su causa. Más que mostrar liderazgo, exponen desesperación. ¿Envidia de Mónica Vega? Caray, la joven funcionaria ha demostrado su valía en la Cespt y con valor ha agarrado el toro por los cuernos, pues no es nada fácil estar al frente de esa paraestatal a pesar de enfrentar una severa crisis de abastecimiento agravada por altas temperaturas. Vega Aguirre se ha la gestión de infraestructura de saneamiento, la modernización de redes comunitarias y la protección institucional del organismo.

No se puede decir lo mismo de Ayala. La realidad es cruda: fuera de su círculo más cercano, muy pocos toman en serio sus aspiraciones para convertirse en el candidato de Morena a la gubernatura de Baja California. Su paso por Ensenada dejó una huella negativa que no se borra fácilmente con shows de este tipo. Ni hablar de sus lealtades. En algún momento Ayala era más bonillista que Jaime Bonilla y se le tiraba al piso al nivel de lambisconería. Lo mismo con Adán Augusto López, en los tiempos en que era presidenciable y estaba bien parado. Ayala no perdía la oportunidad de presumir selfies con él. En política, la gente tiene memoria.

Y la memoria colectiva de Ensenada, por ahora, no le favorece a Armando Ayala. Pretender reinventarse de la noche a la mañana como paladín ciudadano, después de haber ejercido el cargo con altanería, resulta poco creíble. La pre contienda apenas comienza, pero ciertos aspirantes ya están dejando claro qué tipo de campaña van a ofrecer: la del espectáculo barato o la de propuestas serias. Hasta ahora, Ayala parece apostar fuerte por la primera opción.

Crisis perruna en Rosarito

Cualquier estratega político con dos dedos de frente y mínima noción del espíritu de la época, sabe que los temas relativos al cuidado de los animales son de los más sensibles e impactantes. Cualquier administración moderna sabe que debe poner especial atención al tema del rescate de perros callejeros y su cuidado. El gobierno de Marina del Pilar Avila lo ha entendido muy bien y por ello puso en marcha el santuario Mily en Mexicali que ha sido un éxito.

Recientemente también pusieron en marcha un albergue para perros en Tecate. También impulsaron reformas al artículo 7 de la Constitución del Estado para establecer a los animales como sujetos de protección especial. El Gobierno del Estado sabe bien que en esta tarea sus mejores aliados con los que trabaja de la mano son las asociaciones ciudadanas promotoras del rescate y adopción de perros callejeros. Eso es lo que hace cualquier gobierno sensible, menos el del Playas de Rosarito, que, con una profunda torpeza política, hace exactamente lo contrario.

El Ayuntamiento de Playas de Rosarito suspendió el acceso de los colectivos Huellitas Enjambre y Voluntariado Rosarito (Voluntariado DIF) al Centro de Control Animal municipal, tras exhibir las malas condiciones y el abandono de los perros durante una fuerte ola de calor.

Todo inició cuando integrantes de estos colectivos exhibieron las miserables condiciones en las que se encontraban los perros del Centro de Control Animal durante una fuerte ola de calor: abandono, falta de atención y sufrimiento innecesario. En lugar de atender las denuncias y corregir las fallas trabajando en equipo, el Ayuntamiento optó por echar fuera a las asociaciones y suspenderles el acceso a las instalaciones. Es decir, la respuesta no fue mejorar el lugar, sino sacar a quienes lo señalaban.

Por favor ¿quién diablos asesora a Rocía Adame? Pero la situación escaló. Los voluntarios presentaron una denuncia formal ante la Sindicatura Municipal contra la secretaria de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, Marisol Hernández, a quien acusan de presunto acoso, agresión verbal y de impedirles continuar con las labores de apoyo que realizaban desde hace tiempo en el centro.

Este tipo de respuestas —suspender el acceso a quienes colaboran de manera voluntaria y denuncian irregularidades— envía un mensaje preocupante: en Playas de Rosarito, quien expone problemas en materia de protección animal puede recibir como respuesta la puerta cerrada y acciones en su contra. Los colectivos Huellitas Enjambre y Voluntariado Rosarito (ligado al DIF) no son grupos externos ajenos al municipio; son personas que durante años han dedicado su tiempo, sus recursos y su esfuerzo para ayudar desinteresadamente a los animales que el gobierno no alcanza a atender adecuadamente. Expulsarlos del Centro de Control Animal es un acto de soberbia y profunda torpeza política. Todo mal en Rosarito. Espantosa X.