Cambio de turno

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Encontré las respuestas y eran esas, esas que no necesitan representantes, que no tienen la necesidad de ser interpretadas, están ahí, solo ahí; en la sencillez del observar, sin memorias, concepciones, ideas o fabricaciones. Viven separadas de la expectativa, en cama separada del pronombre, no necesitan tiempo, no necesitan nada, ellas son y es como un gran koan.

Las respuestas suelen ser sencillas, como esas personas iluminadas que los ves tan ricos en espíritu y sin necesidad de nada. Como que nos han vendido una idea de la verdad muy elaborada, compleja, inventada; cuando sólo es, sin necesidad de más, siquiera de que la apruebes como tal, pero se sabe cuando se llega a ella, se reconoce cuando has encontrado la respuesta, el gran contraste no deje margen de error, la claridad, el despeje, sin duda, es.

Las invenciones nos venden una comodidad vaga, una escalera de preconcepciones del todo y de uno mismo, la falsa idea de creernos o sentirnos algo. Obviamente vivimos identificados con nuestros gustos, formas, ideas, pensamientos, pero no dormimos allí, no estamos allí, no somos eso que coleccionamos, amamos o evadimos, no somos el cuerpo que habitamos, los chistes que decimos, los valores que atesoramos.

No reposamos en la mentira, pero sí nos perdemos en ella, en el engaño, por no llamar las cosas por su nombre, por miedo, miedo a todo; a sentir lo que se debe en el momento preciso, miedo a ser observados no siendo, miedos a entrar en conceptos débiles de otros, miedos, miedos, como si controlamos la vida o siquiera el pensamiento. Esos que tanto intentan atrapar, se quedan en el pedaleo del hombre que busca tocar el piso sin soltar esas preocupaciones.

Yo sigo aprendiendo que no soy esta persona, y a momentos sí y no pasa nada, no puedo venderme en cada palabra, en cada verdad que juzgo por cierta, en cada mentira que trago en dos tabletas; es que no comprenden que yo no quedo totalmente desvestida ni detrás de un biombo. Mi alma no me permite mucho, sólo tener un nombre para sentirme identificada, tener un archivero de mis experiencias que comience con mi inicial.

Debo decir que en esto días he cambiado tanto mis clasificaciones, como el aire, como el tiempo y las realidades me van llegando; mucho de lo verídico se ha ido a la sección de fantasía, mucho del drama se ha ido al área de ficción y muchas novelas románticas han terminado en la parte de suspenso y horror.