Cambio climático la otra pandemia

Por Claudia Luna Palencia

La verdad es que asusta la temperatura de finales del mes de junio porque es un preludio de una temporada estival que nuevamente terminará rompiendo termómetros y récords. Nada bueno.

En Estados Unidos, los incendios están a la vuelta de la esquina con una sequía que, igualmente, preocupa en muchos países con problemas de aridez y desertificación como es el caso de México.

No salimos todavía de la pandemia del SARS-CoV-2 y hay cierta sensación de estrés y agobio porque el verano nos estrella cada vez más contra otra amarga realidad: el calentamiento global y el cambio climático.

Preocupa y mucho porque a veces se tiene la sensación de que vamos a llegar muy tarde para contenerlo, porque para mitigarlo, eso debió implementarse por lo menos, tres décadas atrás, en materia de reiniciar una nueva senda hacia la descarbonización.

Si en la pandemia derivada de un virus que ha impactado en la salud humana se ha notado un egoísmo recalcitrante aunado a un individualismo en cuanto al suministro de las vacunas, los esfuerzos en materia del cambio climático tampoco han estado exentos de la naturaleza humana.

Realmente es muy, muy complicado, remar todos juntos hacia el mismo lado del barco para evitar que éste se hunda porque son tantos los factores de incidencia que, a veces, rebasan a la misma voluntad.

Siempre hablamos de lo que contamina China o Estados Unidos pero hay otros grandes países como India o Brasil que lo hacen igualmente y el tema se vuelve un galimatías en la medida que se embrolla con la pobreza.

Porque hay un binomio que no debemos pasar por alto para, en verdad, lograr contener el cambio climático y está correlacionado con la pobreza y la educación; o bien la educación y la pobreza que en este caso el orden de los factores no altera el producto porque el resultado es el mismo: la ignorancia y la supervivencia.

¿Cómo se le pide a una familia que vive en un descampado, bajo techos de cartón que deje de utilizar el carbón para calentarse o bien para cocinar? Ojalá que fuese una sola familia, la bronca es que son millones de familias en el mundo.

Si en el mundo hay 7 mil 800 millones de seres humanos y más de la mitad viven en algún tipo de pobreza y de precariedad, cómo pretendemos evitar que el cambio climático amenace la supervivencia de la raza humana si un montón de seres humanos tienen la prioridad de comer a como dé lugar y lo que menos les importa es si contaminan o no.

Esa parte del compromiso que todos los países a nivel global han adquirido en los Acuerdos de París, de descarbonizar después de 2030 y llegar a 2050 con cero emisiones, no sé cómo podrán lograrlo si mucha gente famélica, sin recursos, sin dinero, no tiene otra vía más que usar el carbón para cocinar y para calentarse.

A colación

Yo creo que el más grande reto, el mayor desafío, es hacer que la gente sumida en la pobreza reduzca su huella ecológica y si continúa al margen de este proceso, no habrá, forma de controlar la descarbonización.

Y no sólo eso de frenar la tala desmedida de árboles, detener los procesos de siembra poco amigables, de evitar que crezcan los vertederos y siga la acumulación de basura.

El cometido es doblemente difícil con la pobreza y la falta de educación, porque por principio de cuentas los seres humanos necesitan comer y en ese proceso, está también mucho la huella ecológica.

Poco se está haciendo a nivel global por situar a la educación y a la pobreza como dos ejes fundamentales para ser tomados en cuenta en el renglón del cambio climático porque todo se enfoca en despetrolizar; así como en las energías verdes, como si el hecho de ser demasiados en este mundo y demasiados incivilizados y poco respetuosos y responsables no fuese una variable de gran peso específico.

Me da que también en la pandemia del cambio climático estamos guiados por improvisados como nos pasa con lo del coronavirus.