Cállate… Ultracrepidiano

Por Juan José Alonso Llera

“No hay opiniones estúpidas, sino estúpidos que opinan”.

Estamos plagados de opinólogos profesionales, hoy en día pareciera que entre menos sabe o más ignora la gente, tiene más derecho de opinar, porque así somos, desde Palacio Nacional, hasta la Casa Blanca y todos sus alrededores. En este día de calor el alquimista tratará de explicar con mucha curiosidad, el porqué de este mal tan generalizado.

Primero, no podemos dejar de pensar en el acomplejado que quiere sobresalir, en el zafio, como nuestro anterior alcalde y demás personajes del dominio público. A este comportamiento la ciencia lo llama el efecto Dunning-Kruger que es un sesgo cognitivo según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real. Este sesgo se explica por una incapacidad metacognitiva del sujeto para reconocer su propia ineptitud.

Por el contrario, los individuos altamente cualificados tienden a subestimar su competencia relativa, dando por sentado erróneamente que las tareas que son fáciles para ellos también son fáciles para otros. Este efecto puede resumirse en una frase: cuanto menos sabemos, más creemos saber. Como resultado, estas personas suelen convertirse en ultracrepidianos: gente que opina sobre todo lo que escucha sin tener idea, pero pensando que sabe mucho más que los demás.

Para explicarlo en español más casero le comparto esta a tinada historia:

Apeles solía mostrar sus cuadros en público para saber si a la gente le gustaban y perfeccionar los detalles que no les convencieran. En una de esas exposiciones, un zapatero criticó la forma de las sandalias que lucía de uno de los personajes que había pintado.

Apeles aceptó la crítica y decidió modificarlas. Cuando terminó, volvió a exponer el cuadro en la plaza. Cuando el zapatero lo vio, notó que el pintor había prestado atención a sus palabras, así que decidió criticar más elementos del retrato.

Apeles se limitó a decirle: “Ne supra crepidam sutor iudicaret”, que vendría siendo: “No opines más arriba de los zapatos”.

Más tarde se popularizó la expresión “Zapatero, a tus zapatos”, la cual se utiliza para acallar a las personas que intentan criticar cosas que no son de su competencia. Y ese es precisamente el significado de la palabra ultracrepidiano.

Para minimizar el efecto Dunning-Kruger y no convertirnos en esa persona que opina sobre todo sin tener idea de nada, lo más importante es aplicar estas sencillas reglas:

Sé consciente al menos de la existencia de este sesgo cognitivo.

Deja siempre un espacio para la duda, para formas diferentes de pensar y hacer las cosas.

Opina siempre desde el respeto a los demás, por muy seguro que estés de tu opinión, no intentes imponerla.

Debemos recordar que nadie es experto en todas las materias de conocimiento y ámbitos de la vida, todos tenemos carencias e ignoramos muchas cosas. Por tanto, lo mejor es enfrentar la vida desde la humildad y con la actitud del aprendiz. Evita frases como “no sabes de lo que hablas” o “no tienes ni idea” porque de esta forma sólo lograrás que esa persona se sienta atacada y se cierre a tus propuestas. En su lugar, plantea una nueva perspectiva. Puedes decir: “ya te he escuchado, ahora imagina que las cosas no fueran exactamente así”. El objetivo es lograr que esa persona se abra a opiniones y formas de hacer diferentes. Aquí la clave para cambiar las mañaneras, jajaja.