Cada caminata, es un viaje

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Como viajeros, la mayoría del tiempo nos resistimos a contratar quien nos organice el viaje, porque no nos gusta que nadie nos controle, que nos apresuren o que nos digan a dónde tenemos que ir o qué es lo que tenemos que ver. Los viajeros siempre sabemos qué es lo que queremos visitar y la mayoría de las veces no se encuentra en los diez imperdibles de las tradicionales guías.

Aun cuando contratemos un guía profesional local para que nos facilite el transporte y la atención personalizada siempre será a nuestro ritmo y a la medida de lo que necesitamos por una simple razón. Somos unos exploradores que nos gusta andar por el mundo y perdernos en cada pueblo, en cada cuidad, caminando lo que sea necesario para dejar que los vecindarios de las ciudades nos sorprendan.

Caminar es la mejor manera de descubrir lo que no viene en las guías, que no sólo podrían ser construcciones, sino lo que hacen las personas en los barrios, en los parques, en las calles; a veces le digo a Valente que tenemos alma de sociólogos.

Pero caminar no sólo nos llena de experiencias cuando viajamos, sino que nos da la oportunidad de disfrutar sin remordimiento de los postres de cada lugar, ya que caminar es lo mejor, tanto para mantener el peso como para perderlo. Dicen los expertos que la clave para mantenerte en tu peso son los 10 mil pasos diarios, pero en realidad con una caminata diaria por lo menos de 30 minutos a un paso donde recorramos alrededor de cinco kilómetros basta. Y si queremos bajar, sólo hay que hacer un simple cálculo, bajar las calorías consumidas y aumentar el tiempo de la caminata.

Piensen cuántas veces se han ido de vacaciones y resultó que regresaron con menos peso o viceversa, con unos kilos de más. Hoy en día hay una gran cantidad de dispositivos para medir nuestra actividad física y si los llevas cuando vas de viaje descubrirás que conocer cada rincón de un pueblo o una cuidad podrá hacer que acumules una gran cantidad de kilómetros por día y un poco de salud.

Incluso cuando no salgas de viaje si pruebas salir a dar una caminata por la ciudad donde vives posiblemente te des cuenta de que no la conocías. Las razones por las que no caminamos nuestras ciudades o vecindarios porque no son seguros, porque así las percibimos o porque estamos acostumbrados a ir hasta la tienda de la esquina en auto.

En el confinamiento hemos cambiado muchos hábitos y yo me he dado tiempo para regresar a hacer ejercicio con la caminata, completando los seis kilómetros diarios desde hace un mes y lo mejor que me ha pasado es que he bajado de peso. Con esta pandemia mis planes de viaje se han estado transformando y he puesto en mi lista aquellos que impliquen largas caminatas, como cruzar la Baja desde el Golfo al Pacifico, regresar al Gran Cañón para bajar al río y la joya de la corona sin duda será hacer el Camino a Santiago, intentándolo hacer en silencio para meditar. Sé que es absurdo hacer planes en medio de esta pandemia, porque todo puede terminar en cualquier momento. Pero aunque vivamos intensamente cada día nunca sobra tener una esperanza que nos motive a cumplir los sueños.

Esperando se encuentren bien me quedo con la frase del Papa San Juan Pablo II que cita, “El pasado con gratitud, el presente con responsabilidad y el futuro con esperanza”.