Buscando a Mowgli en Angkor

Por Adriana Zapién y Valente Garcia de Quevedo

Cuando era niña mi mamá me enseñó a viajar con los libros y cuando llegué a la edad productiva tenía una lista de lugares que tenía que conocer y eso he hecho en los últimos 30 años.

Uno de esos lugares era en majestuoso templo de Angkor Wat. Lo increíble de este destino en mi lista, no fue por un libro, sino por la libre interpretación del equipo de animadores de Walt Disney, de la obra del escritor y poeta británico Rudyard Kipling, “El libro de la Selva”, que nació en Bombay debido a que su padre John Lokwood Kipling era docente en la Escuela de Arte de Sir Jeejeebhoy de esa ciudad.

El padre de Rudyard era un gran ilustrador quien ganó un gran prestigio por la calidad estética de sus obras; además fue curador del museo de Lohore, en el Punjab paquistaní compartiendo la región con la India que pertenecía al Imperio Británico.

John Lokwood Kipling ilustró varios libros entre los que se encuentra el Libro de la Selva escrito por su hijo Rudyard Kipling en 1894 y que no tienen nada que ver con las libertades que se tomó la casa Disney como la introducción de las imágenes del templo Ta Prohm de la ciudad de Angkor del reino de jemer ubicado en Camboya, no en la India.

Este dato lo descubrí hace casi 30 años en la escuela de arquitectura cuando en un libro vi las ruinas de los templos del complejo de Angkor que coincidían con las imágenes de la película animada del Libro de la Selva, recreación de uno de los templos jemeres cuyo origen data del el ascenso de Jayavarman II en año 802 en la zona de Camboya que estaba a casi 5,000 kilómetros de la India, muy lejos de la tierra de Mowgli. Ahí vi que las ruinas de la película animada, aunque mal ubicadas, existían. Y yo quería estar ahí.

Cómo llegar, era la pregunta ya que no sólo estaba en la Indochina sino en medio de un país complejo como lo era Camboya, que después de 42 años que había terminado la guerra, todavía había miles de minas antipersonales terrestres distribuidas por todo el territorio. Angkor estaba en mi lista y pasé años posponiendo el plan porque no sólo tenía que ahorrar y solucionar cómo llegar, sino quién me acompañara, ya que era de esos destinos que no estaban en el top de los viajeros sino sólo en el de los aventureros.

A lo largo de los años compré los libros necesarios para aprender sobre todo el complejo de 400 kilómetros cuadrados y que al igual que nuestras extensas ruinas mayas, siguen en proceso de exploración dentro de una selva que la ha escondido; entonces, aprovechando que íbamos a Tailandia vi que tenía frontera con Camboya y les pregunté a mis amigos que quién me acompañaba y cuando les enseñé las fotografías al unísono, todos contestaron con un “Yo”.

La llegada y visita a Camboya será un relato de las próximas entregas porque no tengo espacio, pero sólo quería aclarar que las imágenes de la película animada de Walt Disney sobre el Libro de la Selva son del templo de Ta Prohm que forman parte de las ruinas de la ciudad de Angkor abandonadas en 1431 a partir de la decadencia del imperio, que según las últimas teorías de los arqueólogos fue por una sequía prolongada, dejándola deshabitada y olvidada, donde las raíces de los árboles forman parte de su arquitectura y del impresionante poder de la naturaleza.