¿Azotar o aleccionar?

Por Maru Lozano Carbonell

¿Inconforme con tu adolescente? ¿Cómo reaccionamos cuando reprueban en la escuela? ¿Qué les hacemos cuando se pasan de la raya?

Cuando golpeamos a nuestros hijos, obviamente cambian su actitud de inmediato por la descarga de energía que les provocamos solo que, a la larga, ellos se curten y aprenden a recibir el trancazo registrando que de ahí no pasa.

Si los aislamos de manera indigna encerrándolos, también se acostumbran a vivir bajo un pequeño radio de movimiento y libertad y entonces su mente desarrollaría estrategias para escapar virtual o mentalmente.

Cuando los ofendemos logramos que se estén en el mundo de cuerpo presente, pero bloqueados mental y emocionalmente. No sería fácil para ellos recibir amor ni afirmaciones positivas ya que sentirían ser poco merecedores de ello. 

Cuando nos burlamos y comparamos, estamos matando su creatividad y expresión personal, de más está decir que eso mismo harán allá afuera y entonces serían rechazados. O a lo mejor se logra que ellos provoquen la burla de otros porque es la única manera aprendida de vivir.

¿Por qué los padres de familia recurrimos tanto al castigo inapropiado? ¡Porque así logramos que ellos cambien su conducta inmediatamente! Solo que a la larga producimos toda clase de problemas. Muchas veces, no sabemos qué hacer en una situación tensa y reaccionamos con ira y frustración.

El castigo inapropiado afecta lo que el adolescente piensa de sí mismo y se le hace sentir que no es bueno. Va a querer desquitarse o evitar a la persona que lo castigó. A veces los castigos se van agravando; si éste no sirve, los padres ensayamos otro más fuerte. Es decir, comenzamos dando órdenes, luego levantamos la voz y por último les azotamos.

Mejor, pongamos en práctica lo siguiente: Primero, seamos específicos, hagámosle saber al hijo exactamente qué ha hecho bien y qué ha hecho mal.

Segundo, seamos consecuentes, mostrémosle al hijo la relación entre lo que él hace y la consecuencia de sus acciones.

Tercero, seamos concretos, démosle ejemplos claros de cómo mejorar.

Cuarto, seamos positivos. Ayudémosle a tener disciplina, a controlar sus propias acciones y su manera de expresar las emociones, diciendo, por ejemplo: “Puedes ser más amable al hablar con tu hermano…”, en lugar de: “No le hables así a tu hermano”. Hay que ser positivos y afirmativos al decirles lo que “sí” queremos que hagan o digan.

Quinto, seamos interactivos. Si les ponemos el castigo de lavar el carro, quizá podamos salir con ellos, sentarnos ahí y platicar a la vez que hace lo propio. Esto da un resultado maravilloso, nos castigamos con él, pero logramos que no se sientan abandonados, solos o con ganas de planear estrategias pensando desde el estómago negativamente.

Sexto, convirtámonos en facilitador, dándole al hijo la información que le ayude a resolver problemas. En una palabra, con la instrucción apropiada nuestros hijos aprenderán a tener confianza, a llevarse bien con otros y a tomar decisiones. También sabrán actuar con disciplina. 

Recordemos que aleccionar apropiadamente les muestra a los chicos qué hicieron bien y por qué deben seguir haciéndolo; o qué hicieron mal y cómo corregirlo. Amar es educar y esto es, sacar lo mejor de todo aquél a quien estamos formando, pero brindándoles la seguridad que el cariño y apoyo siempre están para él.

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