Ayuno de 21 días

Por Manuel Rodríguez

Del 10 de febrero al 1 de marzo me sometí a un ayuno crudivegano, lo que implicó cambiar mi régimen alimenticio a uno a base de frutas y vegetales crudos con agua natural. La decisión no fue fácil, ya lo había intentado el año pasado sin mucho éxito, pero ésta ocasión me lo propuse, tome la determinación, me encomendé a Dios y lo hice.

 

La conclusión es que la buena salud tiene sentido cuando te alimentas conscientemente, prevenir enfermedades es producto de una simple y sencilla pregunta: ¿qué voy a comer hoy?

Los primeros días de adaptación siempre son los complicados, tu cuerpo se está desintoxicando de alimentos nocivos como las carnes rojas, los derivados de los lácteos, el azúcar refinado y las harinas, todo ellos, alimentos vinculados con enfermedades crónico-degenerativas.

Por 21 días permití que la comida fuera mi propia medicina y cómo el cuerpo humano es increíble y sí lo nutres bien te regresa salud, la verdad me he sentido con más vitalidad y energía que antes. Lo más difícil en esta etapa fue haber dejado de consumir café, pues más que el sabor, lo que extraño es el aroma.

Aunque lo siento mucho por las farmacias, pues ya no serán un lugar obligado cada temporada invernal. El secreto para no enfermarnos en climas fríos está en consumir altas dosis de vitamina C, y la naranja es una de las frutas que la contiene.

Ya no me preocupo por la comida, pues sé lo que tengo que comer y lo que me hace bien. Para mí el enemigo a vencer no fue el hambre, sino la mente.

Otro aspecto, es el social pues aunque no diga que estoy ayunando la gente se fija en la apariencia física y terminas siendo bombardeado por preguntas interminables acerca del ayuno, y ante tanto cuestionamiento a veces dudamos sí es momento de darse por vencido o seguir adelante.

Lo mejor en un ayuno es rodearse de gente positiva que te aliente y comparta los mismos valores que tú.  Está comprobado que los pueblos con dietas basadas en plantas han bajado los índices de enfermedades y mortalidad.

En lo personal, mi ayuno crudivegano me ha permitido mitigar los dolores de cabeza, duermo mejor, tengo más rendimiento físico y lo mejor es que ya no tengo ansiedad por la comida. 

Sé que mi sistema inmunológico está mejor preparado para hacer frente a las enfermedades y aunque intente vivir 100 años, mi expectativa de vida ronda en promedio en los 78 años de edad en México.

Nadie sabemos cuánto vamos a vivir, lo qué si podemos hacer es nutrir adecuadamente los miles de millones de células que componen nuestro cuerpo para ayudarles a tener una vida celular rica en vitaminas y minerales.

Las cardiopatías y el cáncer son dos enfermedades vinculadas con la mala alimentación.  Sin ningún entrenamiento en nutrición, pero con buena asesoría y con mucha voluntad personal he podido comprobar que el cuerpo humano tiene la capacidad innata de autocura.

En 2004 pesaba 120 kilos y estaba siendo intervenido en el quirófano de un hospital por problemas cardíacos. Desde entonces mi vida ha cambiado hoy peso 80 kilos y mi arritmia ha desaparecido. Por lo que mientras viva trataré de seguir inspirando a la gente a vivir lo más saludable posible.