Avanza poco a poco

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“Multiplicar los pequeños éxitos es precisamente conseguir un tesoro tras otro. Con el tiempo, uno se vuelve rico sin saber como ocurrió”

Federico el Grande

No es fácil tener éxito en la vida sin inconscientemente despertar la envidia de los demás. Al mismo tiempo, y en nuestra tendencia a lograr sueños y ambiciones, tendemos a pensar en dar saltos gigantescos, obviando el concentrarnos en aquellos pequeños pasos, usualmente tediosos pero necesarios para alcanzar nuestras metas.

En nuestro mundo social, de igual manera que en la naturaleza, todo lo que logra tamaño y estabilidad crece lentamente. El avanzar poco a poco es la mejor manera de conjurar nuestra impaciencia natural. El hacer esto, nos obliga a pensar en términos de un proceso, una secuencia de pasos interrelacionados, que a la larga y con la perseverancia necesaria, nos generarán enormes beneficios.

Los incrementos abruptos de éxito, riqueza y poder y los bruscos ascensos a la cima son extremadamente peligrosos, despiertan envidia, desconfianza y sospechas. Consecuentemente, la mejor estrategia es avanzar poco a poco, jugando con los márgenes de atención, relativamente cortos, de la gente.

La clave para que esto funcione es tener una noción clara de tus objetivos, e identificar posteriormente los pasos y el esfuerzo que tendrás que hacer para conseguirlos. Cada uno de estos pasos debe formar parte de una estrategia general, con avances lo suficientemente pequeños para que nadie perciba tus grandes intenciones.

Si tus pasos son demasiado grandes, podrías no estar preparado para afrontar el éxito y la serie de problemas que se te presenten. Si lo haces demasiado rápido, otras personas percibirán lo que te propones. Deja que el paso del tiempo disfrace magistralmente tus intenciones, dando la impresión de ser alguien con ambiciones modestas. Cuando tus rivales se den cuenta de lo consumado, será demasiado tarde.

Recuerda que la gente es conservadora por naturaleza, siempre desesperada por mantener lo que tiene.

Consecuentemente, si te aventura a entrar en pugna, tomar algo por sorpresa y sin previa advertencia pondrá a tu adversario en el dilema de combatir o aceptar la pérdida. Si es algo de verdadero valor, tu adversario seguramente decidirá confrontarte. Pero si en cambio es algo pequeño, seguramente optará por evadir la batalla.

Tarde o temprano, como parte de la misma estrategia, decidirás dar el siguiente paso. Esta vez tu rival estará más alerta; habrá empezado a ver tu patrón y modus operandi, pero de nueva cuenta se preguntará si el confrontarte por algo pequeño vale la pena. Alterna tiempo entre uno y otro golpe, y aprovecharas de igual manera la pasividad de la gente.

Al plantear tu estrategia, presta mucha atención a oportunidades, crisis y debilidades de tu adversario. Al mismo tiempo, no caigas en la tentación de ambicionar más de lo que puedes manejar, seguramente te veras repleto de problemas y desproporcionalmente desmotivado.

El que persevera alcanza. Para obtener éxito en tus metas, debes estar dispuesto a hacer del tiempo tu principal aliado.