¿Autoridad? electoral

Por Virgilio Muñoz Alberich

Las reformas electorales de los  noventa generaron procesos muy cuidados en la definición de los perfiles que estarían al frente de estos organismos electorales. Cómo olvidar las contribuciones de José Woldenberg, Alonso Lujambio o Miguel Ángel Granados Chapa.

Se podía estar o no de acuerdo con muchas de sus posturas individuales, pero siempre existió un amplio reconocimiento de su profundo estudio sobre los sistemas electorales y de partido, de la discusión ardua y bien sustentada en la mesa del extinto Instituto Federal Electoral (ahora INE), así como de la cuidadosa selección de personal en mandos medios. A todas luces tenían un compromiso con la democracia en concordancia con la exigencia social.

Por todas las vidas que fueron acosadas en contextos antidemocráticos, por toda la construcción institucional realizada a partir de un extraordinario empuje ciudadano en México, es una tristeza el descuido hacia las autoridades electorales que condujo a la designación de perfiles como Lorenzo Córdova en lo federal, o Javier Garay en Baja California. Bien decía José Woldenberg que una buena autoridad electoral es la que no se ve, la que menos distractores genera sin por ello ser firme en la aplicación de la ley. Enseñanza de gestión no seguida por Córdova, ni Garay. 

El Instituto Estatal Electoral es ejemplo de involución. En este espacio se ha subrayado la improvisación y la escasa cultura política de los consejeros. Con su desempeño provocaron uno de los procesos locales más desaseados de la historia democrática, motivando polarización entre partidos, problemas al gobierno estatal y dieron muestra de una pobreza extrema conceptual en la promoción de la participación ciudadana, intercambiando votos por cafés de tiendas de conveniencia.

Hoy no sólo nos siguen sorprendiendo con el nombramiento de un supuesto “coach de vida” y una aspirante a ganadora de concurso de belleza como funcionarios electorales, sino con el ejercicio irregular de recursos públicos que es discutido en el Congreso Estatal e intentonas de asignarse bonos económicos por “buen desempeño”.

Del lado federal Lorenzo Córdova, el consejero presidente más distante al modelo Woldenberg, está empeñado en que la autoridad electoral sí se vea… y mal. La superficialidad de Córdova, que tuvo como botón de muestra el escarnio a dirigentes indígenas, se refrenda con la construcción de una nueva sede en el marco de una de delicada situación económica.

El INE se ha dado a la defensa de que ajustará la construcción de oficinas, área deportiva y zona de regaderas a los recursos económicos disponibles. Sin embargo se entiende que en caso de insuficiencia presupuestal, se mantendrían vigentes gran proporción de los costos de renta de sus sedes alternas, lo que indica la clara improcedencia del proyecto. Con estas “autoridades” la revisión en los métodos de selección de consejeros, es por demás urgente.