Atrincherados

Por Manuel Rodríguez Monárrez

Nubes negras cargadas de delitos envuelven nuestras vidas en las colonias y oscurecen el futuro de Tijuana. “Si te Agarramos Robando, Te Linchamos”, reza una lona que cuelga de la entrada del fraccionamiento Hacienda Los Laureles. Este clima de impunidad no pude durar por siempre, pero mientras en la ciudad más violenta de México sus ciudadanos vivimos atrincherados, la Comisión de Seguridad Pública del Cabildo lleva 3 meses sin sesionar en Tijuana.

Es lamentable se sigan suscitando multi homicidios como los del Florido, el Guaycura y Camino Verde, y otros más que fueron ejecutados en hechos distintos en Los Laureles, Granjas Familiares y Residencial San Marino como parte de un escenario de normalidad. Con estas 11 muertes violentas, el mes de febrero se cierra con 171, sumando 356 homicidios en lo que va de 2018; si creíamos que 2017 fue el peor año, a este ritmo de 6 ejecutados por día en promedio estamos ante el peor pronóstico pues solo en Tijuana rebasaríamos las más de 2 mil 190 muertes violentas.

Es urgente la intervención coordinada y efectiva de todas las fuerzas del orden de los tres niveles de gobierno, en cualquier otra ciudad del mundo ya hubieran implementado medidas de emergencia, como el toque de queda y cerrar toda la ciudad a cierta hora en lo que se estabiliza ésta crisis. En Marzo, ya van más de 20 asesinatos entre ellos un policía municipal que al parecer se negó a pagar derecho de piso en su negocio particular. Varias voces ya han venido denunciado la reactivación del cobro de piso por el hampa.

En comparecencia del Secretario Sotomayor ante Cabildo habló de los primeros 25 expedientes de policías y ex policías, y me aceptó que no era para nada el escenario ideal, el traer elementos de fuera. Sigo pensando que si hacemos un esfuerzo adicional podemos atraer a jóvenes con valores y que quieren superarse de las colonias tijuanenses para que se incorporen a la academia.

Desde mi óptica se necesitan  personas rudas que conozcan la ciudad y acepten formar parte de equipos especiales para las colonias de alta criminalidad con una política de Cero Tolerancia.

Si queremos proteger la ciudad y reducir el crimen, debemos ser proactivos al crimen y no reactivos. Cada sistema tiene un punto de ruptura, y el nuestro ya lo rebasamos hace mucho. Por eso traemos la brújula perdida. Estamos absolutamente en una crisis, y tenemos que encontrar una nueva forma de vigilar la ciudad. No podemos vigilar de la forma en que lo hemos hecho en los últimos tres trienios, porque cómo miembros de esta sociedad, tarde o temprano alguien nos hará responsables, y esos serán nuestras futuras generaciones.

Si la gente no está feliz con lo que pasa en la calle como va a estar feliz con sus policías. El trabajo promedio de un Secretario dura tres años por eso lo delicado de las indefiniciones en la política pública de Seguridad en el quinto municipio más violento del mundo. Los ciudadanos de Tijuana le gritamos a las autoridades que ya es suficiente y los gobernantes: ¿Qué hacemos? Ignorar el problema. La ciudadanía dice que ya está harta y el alcalde responde con frustración altisonante que le revuelve el estómago a cualquiera y hace reír a los delincuentes. Ni las empresas de mensajería privada hacen tantas entregas en un día como los llamados de emergencia al 911. A este ritmo llegará el momento en que en Tijuana se expidan más actas de defunción que de nacimientos por día. Somos responsables de lo que podemos controlar.

La realidad de esta ciudad es que nunca sabes cuándo vas a estar expuesto a vivir en carne propia un hecho violento. En 2017 en mi familia y relativos cercanos vivimos cuatro hechos violentos y en 2018 ya llevamos un robo. Los oficiales resuelven problemas pero parece que los problemas no tienen fin, la gente que cuida la ciudad está también más insegura que nunca. Lo anormal se ha vuelto normal, los policías de Tijuana vigilan la ciudad en modo de supervivencia.

Necesitamos buenos oficiales haciendo lo correcto en el momento correcto. Policías hablando con la comunidad para que se animen a salir de sus trincheras y retomen los buenos las calles. La carga impuesta a la Policía, a pesar de sus bajos salarios, es muy alta, ya que ellos tienen la responsabilidad de mantener a la ciudad unida o que la ciudad colapse.