Aterrizando con neblina

Por Juan José Alonso Llera           

Empiezo platicándoles la historia de mi semana. De lunes a viernes trabajé intensamente en CDMX, aunque algún fan confundido lo dude. En el inter fui y vine a Tijuana, regresé a la ciudad de los palacios a cumplir con mis obligaciones. Para no aburrirlos tuve una ensalada de clases, entrevistas, radio, familia y un par de asesorías, toda esta intensidad compensada por una viva convivencia con una de mis hijas adolescentes, que no logro descifrar del todo, pero en fin la quieres porque es tuya y punto.

Al concluir el viernes con agotamiento, un celular estrellado y la satisfacción de haber dejado el corazón en el trabajo, regreso con mucho animo a mi bella ciudad, donde: “Todo tijuanense que se respete, no es de aquí” jajá, frase de mi querido compadre Raúl Cárdenas.

 

Decido tomar el vuelo 194 de Aeroméxico de las 9:15, para aprovechar hasta el último minuto todas las bondades del ex DF. Rumbo a la T2, me encuentro con un tránsito espantoso que me obliga a bajar del carro y correr un kilometro con mi maleta para no perder el avión, llego “safe” para despegar como 20 minutos tarde. Habían salido vuelos de esta aerolínea hacia Tijuana a las 7:40, 8:40 y 9:15, pero por condiciones de neblina cerraron el aeródromo de Tj, así que desviaron vuelos a Mexicali (el de las 7:40), en este la gente llegó a su casa varias horas después por tierra y los otros dos llevaban en el aire un par de horas, cuando deciden regresarlos a Mazatlán a cargar combustible y después de un rato a CDMX. Llegué 3:30 am. a la T2 con más de 300 pasajeros que intentaban ser atendidos por solo dos personas mal encaradas tratando de protegerlos en otro vuelo.

En fin, logro que me acomoden en el vuelo 170 de las 7:00 am después de casi 12 horas de travesía intentando llegar a mi casa, siendo atendido por un tipo incapaz e insensible a la molestia de todas las personas, para su fortuna y la mía tomé todo con una extraordinaria calma que desconozco en mí. Despegamos casi puntuales y a medio vuelo el anuncio del capitán, que por cuestiones del clima otra vez vámonos a Mazatlán. En el avión se oía de todo: “¿Es broma verdad?”, hasta insultos subidos de tono a las sobrecargos, que solo denotaban el hartazgo de los pasajeros, de hecho me paré a platicar con cuatro de ellas (una llorando). De repente la providencia hizo su aparición y el piloto anuncia que siempre sí nos vamos a Tijuana, que el clima cambió y que el General Abelardo Rodríguez nos daba permiso de aterrizar.

Les cuento todo esto para compartir mi frustración y para poner el dedo en el renglón con los siguientes puntos que demuestran que el área de operaciones de la aerolínea no es la más lista y que el concesionario GAP (mal pagador del predial) de nuestro “Aeropuerto Internacional” le mete lana a la remodelación de las tiendas pero no a los radares que se necesitan para aterrizar en esas condiciones.

A manera de reflexión, es increíble la pérdida de recursos (tiempo, dinero, emociones, compromisos y familia) que son dilapidados por la falta de planeación de autoridades y empresas que al final dañan la vida de las personas. Contra la neblina no podemos hacer nada pero como dice el proverbio “Hay gente que prefiere maldecir la oscuridad, en vez de prender una vela”

No soy experto en estos temas así que les dejo mi cuestionamiento original: ¿Cretinos?, según RAE: Que es estúpido, poco inteligente o torpe para comprender, ¿Mediocres? o ¿Realmente preocupados por el servicio y la seguridad de las personas? Sea lo que sea, es lo que hay.