Asistencia Humanitaria

Por Marú Lozano Carbonell

Cada 19 de agosto tenemos la celebración del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria. Se trata de hacer una pausa y reconocer la labor de esos héroes de verdad.

Se supone que lo que pagamos todos de impuestos, debería cubrir perfectamente todo eso que de repente se torna en “Día Mundial de…”. Ya nos estamos dando cuenta entonces que no hay manera ni calendario que alcance a cubrir todas las necesidades que van surgiendo en el mundo.

También, nos damos cuenta que en todo el planeta sucede y se padece algún tipo de crisis. Hoy, nos dedicaremos a tomar consciencia de la gente que ayuda sin cesar, ese ser humano que conecta con nosotros, no lo volvemos a ver, pero durante nuestra relación, extendemos los brazos y abrimos las manos para recibir. Ellos, los que nos asisten, sin esperar nada a cambio ¡lo dan todo! ¡Lo arriesgan todo!

Es que cada vez trabajan en entornos mucho más peligrosos y, por querer ayudar, son asesinados, secuestrados o por mucho, obstaculizados. Para mí, son verdaderos ángeles. Por ejemplo, en esta época de Covid, sin los “Médicos Sin Fronteras”’, gran parte de la asistencia no hubiera sido posible.

Tenemos a la cirujana Daniela Gabayet, que siendo parte de Médicos sin Fronteras, ha ayudado con capacitación a personal para dar la mejor de las atenciones ante los conflictos de Yemen. La doctora lo que busca al dar asistencia humanitaria es que todos tengan las mismas oportunidades. Recordemos que Siria y Yemen son los sitios en donde más se requiere colaboración. También Venezuela donde millones de personas sufren por la crisis alimentaria y requieren socorro, entre otros lugares que sufren como Haití o Ucrania con la guerra.

Cuando hay un desastre hay víctimas y cuando hay mucha gente sufriendo, hay más gente que asiste, que se olvida de sí y los suyos para levantarte a ti. Gente que ayuda y alivia tus dolores, procura tus derechos, busca que vivas dignamente para que estés bien. Igual te dan comida, cobijas, medicinas, o bien atienden tu salud.  No se quedan ahí, otros que dan ayuda humanitaria buscan restaurarte y reinsertarte brindándote compañía y orientación después del trago amargo, después de la pérdida, después de la sacudida.  

Los ciento setenta millones de personas que por Covid necesitaron ayuda, no hubiera sido posible sin la gente que estuvo en la línea de batalla y que incluso murió. 

Imagínate, una de cada cuarenta y cinco personas necesitó ayuda durante la pandemia. ¡Desgarrador! Ya sea por la enfermedad, pero también por desastres naturales, guerras o desplazamientos forzosos, 

A los genuinos, les aplaudimos de pie, a esas asociaciones no gubernamentales que salen al quite y tienen dinero gracias a los donativos que reciben. Pero hay “dizque gente linda” que ayuda un poco con fines políticos, es más, buscan la desgracia de las personas para mostrar por todos los medios posibles, que se les está auxiliando “con amor”.

Lo ha dicho ya Pablo Vergel, sociólogo español, que “cuando se da ayuda humanitaria a gente con extrema vulnerabilidad, si perciben que no se les trata con dignidad, el efecto psicológico es devastador”.  

Así que gracias a los que aportan en especie o en entrega, gracias porque conocen, han estudiado y se han involucrado en el centro de la necesidad física y emocional de tanta multitud. ¡Invaluable labor!