Artificialidad e imposición

Por El Recomendador

En numerosas ocasiones hemos hecho ver la incongruencia y los excesos de ciertos relatos en las series y películas objeto de nuestra crítica. Es posible abusar de la libertad y querer imponer, a pretexto de los relatos, ideologías y sobreponer escenas contradictorias e incongruentes con la vida real. Una cosa es la libertad legítima para que autores y directores se imaginen lo que les dé la gana; y otra cosa es que los autores pretendan hacer compatible lo incompatible o traten de imponer al espectador algo como “normal” cuando no lo es en la vida real. Hemos acusado a Netflix de tener una política que intenta imponer alguna de las ideologías de moda.

SAS: El ascenso del cisne negro es una película inglesa de estreno que ejemplifica muy bien ciertos abusos artificiales y cierto intento de imposición ideológica. La película exalta, como todas las películas inglesas que yo he visto hasta hoy, la excelencia del servicio de espionaje inglés. El agente es, por regla general, un patriota como lo es el 007. El espionaje inglés es siempre irreprochable, patriótico, ejemplar; y, además, heroico.

En este caso, un agente de “las fuerzas especiales” debe lanzarse a la acción cuando crueles mercenarios se apoderan nada menos que del tren con trayecto debajo del mar que va de Londres a París. Se nos da, eso sí, una excelente oportunidad de conocer ese maravilloso tren.

La historia, gira alrededor del mar de fondo que es la perversidad mercantil de las compañías que pretenden establecer grandes negocios internacionales y para lograrlo recurren a aterrorizar a toda una población que no desea venderles su tierra ni consienten en el gasoducto.

Pero el dinero manda y hay, en la auto alabada agencia de espionaje inglés, algunos elementos corruptos que aprobaron los crímenes cometidos para el logro del gasoducto. Los criminales que ejecutaron los asesinatos son acusados de genocidio y están a punto de ser arrestados y juzgados internacionalmente.

Para que no se descubra la complicidad, los agentes culpables de complicidad con los criminales urden, a su vez, asesinar a sus antiguos cómplices. Lo logran parcialmente con uno de ellos, pero la hija de éste escapa y se dispone a la venganza: se apodera del Tren a París, captura rehenes y se dispone a hacer volar el túnel y el tren en pedazos y también el gasoducto que originó los crímenes. Y ahí empieza un emocionante relato que aquí, por supuesto no se cuenta…

Una imposición que intenta hacernos el relato es justificar el asesinato por motivos supuestamente “patrióticos”. Se confunde y abusa el concepto de la legítima defensa con la necesidad de asesinar a los enemigos, en las guerras, (siempre justas) de los ingleses. Se afirma que los profesionales para estos asesinatos están incapacitados para amar. Y, sin embargo, en el caso de este agente bueno ese sí se enamora y prepara, un matrimonio ejemplar que empezó por ser un amasiato y, luego, un concubinato. Ya el lector se encargará de calificar la naturalidad o artificialidad de esta parte del relato.