Aquí y ahora ¿cómo?

Por Maru Lozano Carbonell

Ya con la pandemia, el ritmo de vida nos pone en el reto de traer nuestra atención al momento actual y esto tiene sus bondades porque si nos cuidamos y nos regulamos emocionalmente, podremos vivir en el aquí y ahora.

Pareciera que alguien dentro de nuestro ser nos acorrala y por eso estamos viviendo el mañana con todo estrés y ansiedad y más ahora que confinados se ha modificado la realidad como la conocíamos antes, con sus estructuras, horarios, contacto con la gente, vínculos, forma de trabajar, de comprar, de divertirnos y de comunicarnos. Nos han aventado como sociedad a transformarnos sí o sí.

Soñar con que el encierro llegaría pronto a su fin nos azota porque seguiremos padeciendo el virus, el desgaste económico, las pérdidas y con asombro notamos que las consecuencias de verdad superan al miedo imaginario y resulta extremadamente difícil sacar optimismo para disfrutar el aquí y el ahora.

Es que nuestra situación actual es caótica, se nos ha exigido adaptaciones exprés y decisiones prontas que por supuesto enferman. Es que, ¿cómo pedir vivir el aquí y el ahora cuando es justo lo opuesto a ir a toda velocidad?

Ahora también tenemos que aprender a ecualizarnos y escuchar activamente lo de afuera y lo de adentro, tenemos que reflexionar y cuidarnos. Es que todo el mundo, literal, está encerrado, ensimismado y no estábamos acostumbrados a ello.

Encima de todo, pronto que viene la Navidad, el año nuevo y la paciencia como protagonista, todos tendremos que integrar el ritmo de la naturaleza a nuestro propio cuerpo. Es decir, tal y como sucede en la naturaleza que algo florece lindo de repente, pero que le ha llevado algo de tiempo y delicadeza lograrlo. Así nosotros.

No por pensar que sería buenísimo no estar afligido, se me va a pasar la aflicción. Mi aflicción requiere de un tiempo orgánico para vivirla y expresarla en el aquí y el ahora porque puede que sea todo lo que soy en este instante. De esta manera aparece el vacío fértil que es piedra preciosa para el cerebro porque así se autorregula el cuerpo. Nuestro sistema nervioso precisa quedarse sin nada para pasar a lo que sigue.

Dejemos pues al pasado ahí para que tengamos oportunidad de aprovechar el presente. Si nos da miedo el presente, contemplar posibles soluciones, pero no desde la angustia, sino desde la construcción. No imaginemos lo que necesitamos, analicemos lo que en verdad necesitamos para nuestro bienestar. Pongamos atención a nuestra respiración, ella nos dice cómo estamos por dentro.  Meditemos, oremos, agradezcamos. Pongamos los ojos y el tacto en todo.

Sería buenísimo programar la alarma de tu celular cada hora para que cuando suene, hagas una pausa y vivas con todos tus sentidos el momento haciendo contacto verdadero, pero sobre todo, enfatizando tres cosas buenas que hay de esa experiencia, ¡la que sea que te sorprendió al sonar!  Ya sea el programa en televisión que estabas viendo, el café, el sofá…  Al pensar en lo positivo, estás mostrando gratitud y ¿sabes? siendo grato, tu energía cambia.  Si todos lo hacemos ya, aquí y ahora, la energía de todo el lugar vibraría diferente y seguramente, brotaría salud y por supuesto, más felicidad.