Aprovechando las escalas

Por Adriana Zapién y Valente Garcia de Quevedo

En el pasado, pensar en hacer escalas en vacaciones me resultaba agobiante sabiendo que estaría en un aeropuerto durante horas. Ante el cansancio de los viajes trasatlánticos, era angustioso pensar no salir del aeropuerto esperando abordar el otro avión que podría ser hasta seis horas más tarde.

Ese agobio quedó en el pasado cuando uno de mis grandes socios entrañables de viaje, me preguntó que si se me antojaba ir a El Cairo; y ante atractiva pregunta ipso facto contesté que sí. Entonces me dijo que había encontrado un vuelo muy barato desde de Los Angeles a El Cairo por Aeroflot, pero haciendo escala de cuatro horas en Moscú y que podíamos aprovechar para conocer la plaza roja.

Esa oferta era música para mis oídos, porque toda la vida había soñado con estar frente a la basílica de San Basilio y tomarle fotografías; entonces otro contundente sí, salió de mi boca. Era mi oportunidad para tener enfrente a esa hermosa edificación que parecía salida de un cuento. Al día siguiente teníamos en la mano un boleto a El Cairo vía Los Angeles y con una escala en Moscú. El resto de los detalles no tenían importancia.

Cosas como a qué distancia estaba el aeropuerto, cuánto tiempo duraba el trayecto, si el tráfico era intenso a esa hora o si necesitábamos una visa para salir del aeropuerto, no nos importaban en ese momento; lo importante era saber que tendríamos cuatro valiosas horas para conocer la plaza roja, pisarla y ver su cuadro completo: El Kremlin, el museo de historia natural y la basílica de San Basilio. Después tuvimos que solucionar el tema de la visa rusa que sí es todo un brete y que les contaré en otra ocasión, pues lo que nos acontece en esta historia es aprovechar las escalas.

La historia terminó de maravilla logrando traer esas fotografías que tomamos con los pocos minutos que pudimos estar ahí a casi, menos dos grados centígrados;  pero con el calor de la emoción de haberlo logrado. Vimos a los moscovitas disfrutando del invierno ruso, pues ese día para nuestra suerte había subido la temperatura para regalarnos la visita, ya que los días anteriores habían llegado a menos dieciocho grados centígrados, así que para ellos ese día había hecho calor jajaja.

A partir de ese viaje y gracias a ese loco consejo de mi amigo o diría hermano adoptivo, Valente y yo hemos aprovechado muy bien las escalas. Un truco interesante para lograrlas de manera efectiva o con la puntería de escoger destinos, es por medio de las líneas aéreas de cada país, pues sus centros de operaciones son sus países de origen. Por ejemplo Aeroflot antes de ir a cualquier destino cuando se trata de cambiar de continente primero pisa Moscú y de ahí reparte sus conexiones, si quieres tomarte un café en París en los Campos Elíseos tendrías que escoger Air France antes de llegar a tu destino final.

La última vez que lo aprovechamos fue en un viaje a Madrid que hicimos por Turkish Airlines con toda la intención de hacer una escala de diez horas en Estambul, pues mi objetivo era poder ver con mis propios ojos la monumental basílica de Santa Sofía. Fue algo maravilloso dormir en esa ciudad, amanecer, ir a la basílica y volver al aeropuerto para seguir con nuestro destino final. La próxima vez que hagan viajes largos contemplen hacer escalas que por lo menos duren cuatro horas y así podrán tener una probadita de alguna ciudad.