Antes de la mentira, una pausa y continuamos

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Vivimos en distintas realidades incluso estando parados sobre el mismo punto y cada uno como el eje. Frente a un panorama, uno dice ver la luna, otro la carencia de nubes, él me observa y ella está en sí misma con el reflejo de su espejo de bolsillo. Todos frente a los mismos problemas, en el mismo día del calendario y atraídos por la misma gravedad y cada uno en su planeta, viviendo y siendo desde la percepción de uno. Separados de todos creemos en nuestras conexiones, conclusiones y a aprendizajes que las costumbres arrastran, que la rebeldía detiene.

Por todo esto y un mundo más, es tan necesario hablar, comunicar, expresar y saldrá, como por naturaleza deba de brotar. Será arte, grito, poesía, libros, silencio, rabia, tiempo, incluso más vida. Todo el mundo que comprendemos está hecho de expresión, lenguaje, idea y concepción. Sea humana, sea divina y aquí estamos, unos aburridos otros tanto más entretenidos.

Todo lo tangible, lo de la dimensión propia, la palmera que danza, la escoba que limpia sus ramas, mis brazos que se extienden para tenerlo todo; creemos que existe, porque es tan difícil decir en voz alta y fuerte que se sabe algo, o quizá no y aquí también me ando equivocando. Es afortunado poder contar y punto, y agregaré que también con los amigos, con las voces, lo que contradice, lo que refuerza y lo que cuestiona y al final de todo con uno mismo, no por orden de importancia.

Estamos entre tanto que aprender, como un maestro en continuo e infinito discurso, que sólo enseña al que está atento, al que quiere hacerlo, al que ahí ha llegado, al que está listo, en el momento exacto seas experto o apenas estés comenzando. El mundo y la vida son tan enigmáticos que es imposible que tengan un sólo significado y de tener tantos se disuelven en nada, esa gran nada a la que la queremos llenar de vacío.

Yo no puedo convencer a nadie de lo que no quiera ser convencido y por otro lado mi dilema es no ser dueña de esa verdad que quisiera, pero siempre cargo con la suficiente evidencia para creer o pensar que no lo estoy tan mal, con lo que he comprado, reflexionado y resumido. Pienso que con tener la certeza y el sentido de lo que es bueno o no tan bueno, sino certero en el sube y baja de la cuestión, ya hay tanto ganado, tanto del dilema no resuelto que puede descansar en paz, en un santo remedio, sin dejar líneas en blanco.