Año Nuevo en Japón

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

La primera vez que me enfrentaba a un choque cultural tan grande fue cuando visitamos Japón y sobre todo por la época que fuimos, pues nos tocó vivir los rituales de Año Nuevo en la religión sintoísta basada en la veneración de los kami o dioses relacionados con la naturaleza. El primer día del año los japoneses visitan un santuario sintoísta o un templo budista y a nosotros nos tocó vivir ambas experiencias.

En esta ocasión les platicaré sobre la visita al santuario sintoísta Fushimi Inari dedicado al dios del arroz, que se encuentra al sur de Kyoto situado en Monte Inari, el cual subes por medio de senderos sobre los cuales son colocados unos arcos o puertas de madera llamados torii, los cuales están pintados de un rojo bermellón y representan una especie de puerta sagrada. En los senderos de Fushimi Inari se colocan los torii uno detrás de otro que pareciese forman un túnel rojo y son patrocinados por personas que han tenido éxito en los negocios para dar gracias por la prosperidad.

La subida a la cima y la bajada nos llevó poco más de cuatro horas que transcurrieron entre que parábamos a tomar fotografías, nos asomábamos a los pequeños templos que encontrábamos en el camino, y paramos a comer. Hacía mucho frío pero eso no nos detuvo y la subida nos ayudó a entrar en calor.

Este es un santuario de agradecimiento por la prosperidad y eso aprendimos en Japón, el valor de agradecer sin importar la religión o creencias que se tengan. Nosotros esperamos el Año Nuevo en la habitación del hotel pues todo estaba cerrado, ya que la mayoría de las personas pasan el Año Nuevo en familia y nosotros estábamos muy lejos de la nuestra. Dimos gracias por el año que terminaba, pedíamos doce deseos para el año que entraba y a la mañana siguiente subíamos una montaña en medio de un paisaje que parecía sacado de un cuento, acompañando a miles de japonés que acudían al santuario a dar gracias.

Después de ese viaje siempre repetí que Japón es el país del agradecimiento “Arigato Gozaimasu” es una frase que escuchas todo el día, cuando entras a un establecimiento, cuando sales del mismo todo el día escuchas la dulce palabra. Y los japoneses van a los santuarios a dar gracias por todo lo recibido. Dice el escritor Barry Neil Kaufman que la gratitud es uno de los atajos más dulces para encontrar la calma y la felicidad en nuestro interior, y creo que tiene razón.

Antes de entrar al santuario te debes lavar las manos y enjuagar la boca, nosotros nos lavamos las manos y omitimos el lavado de boca porque todos bebían del mismo recipiente, razón suficiente para omitir esta parte del ritual. Después debes de tocar la campana por medio de una larga cuerda, y se debe arrojar una moneda como parte de la ofrenda del dinero y orar. En realidad esta parte también la saltamos y sólo la observamos, porque ante qué oraríamos, si para cada parte de la naturaleza hay una deidad. Por eso la visita a este país fue el primer choque cultural fuerte.

Queríamos vivir todo como lo hacen los japoneses pero al mismo tiempo algunas costumbres del sintoísmo se contraponían con nuestra religión católica y sin duda ante los ojos de un japonés nuestros ritos serían impresionantes. Fue interesante vivir, aprender y respetar pero sobre todo agradecer, independientemente de cuál fuera nuestra religión, llegando a la conclusión que todas las religiones te llevan a ser una mejor persona.