Año nuevo con expectativas recurrentes

Por José A. Ciccone

Más allá de esperanzas renovadas y exigencias postergadas, este año 2026 trae de todo; desde la reciente intervención de los Estados Unidos con la detención y extradición de Nicolás Maduro y su esposa en la mismísima Caracas, -donde ya se conoce el resultado pero no aún las consecuencias por venir-, el novedoso y único primer Campeonato Mundial de Fútbol organizado por tres países, donde todos esperamos estar unidos, aunque sea por esta vía y que la copa se quede en Latinoamérica, pasando por la relación cada día más exigente, siempre expectante y demostrando más poderío de fuerzas que nunca nuestros vecinos cercanos del Norte y no me refiero a Canadá que no hace ruido ni amenaza, hasta la incertidumbre de una paz duradera y una economía mundial sorpresiva.

Además, los angustiantes problemas que arrastra México en materia de seguridad interna, donde parece que nadie puede gobernar pacíficamente en ningún punto del país, porque todo está condicionado a intereses espurios, que dominan territorios a fuerza de amenazas, disparos y actos extremadamente violentos, que duelen más que los balazos.

Recordemos que la seguridad es tranquilidad y ésta significa paz, forman parte de un tejido social sano, donde se puede empezar a construir una mejor comunidad.

Estas inquietudes o hartazgos quedaron plasmados en las gigantescas manifestaciones del pasado 15 de noviembre en casi todo el país, promovidas por la generación Z, que, junto a los Millennials, representan los perfiles de fuerza laboral más copiosos y productivos de la nación, también se unieron otras generaciones y la gente, en su conjunto, se hizo sentir para que las autoridades, -imagino-, tomen nota de algo palpable y real que cuesta vidas humanas. Más allá de reacciones de un grupo de manifestantes que produjeron hechos de violencia contra la policía, -que reprimió del mismo modo o peor-, haciendo que los dos actos sean totalmente condenables, el reclamo de la mayoría no es un invento, antojo y/o planes subversivos, ni organizaciones que se mueven en lo oscurito para hacerle daño a los funcionarios de turno.

Ni siquiera se trata de un jueguito virtual de ‘PlayStation’ donde el que más mata es el que gana, tampoco son enfoques exagerados o deseos tercos de cambiar a nuestra presidenta, sino voces auténticas que debemos oír todos, empezando por los que mandan más en México, precisamente por ser elegidos por el pueblo, la respuesta a tantos males merece tener una solución en términos inmediatos, como los difíciles tiempos que vivimos, donde la tecnología empuja y todo parece que se hace a mayor velocidad, menos aplicar la justicia, que es el deseo unánime de la gente.

Espero que estos movimientos sirvan para algo, es decir, que nadie se distraiga ahora pensando qué grupo violentó más ese día y se pierda en la vorágine mediática, por cierto, bien condimentada en sentido negativo por las redes sociales, sin llegar al fondo del motivo u origen por el cual se movilizaron tantos ciudadanos. El mensaje, en forma de súplica, es pacificar al país poniendo coto a esta barbarie de gente asesinada por motivos de oscuros y despiadados propósitos. Ayer fue un presidente municipal o un diputado, hoy una abogada vecina y otro abogado conocido, mañana quién sabe.

También la marcha les recordó a los gobernantes en turno, que seguimos a expensas de la sucia, coludida y dañina corrupción, eso parece no haber cambiado, por lo menos para el lado honesto que esperábamos. Seguimos siendo testigos de enriquecimientos ilícitos y otras malas yerbas por el estilo, funcionarios que van y vienen, que hace poco tiempo nada material tenían y hoy gozan de grandes fortunas a costa del erario.

El nuevo año entrará con más bríos y aceleres provocados por la tecnología que empuja en su predominio, aquellos que no se actualicen y familiaricen con los movimientos rápidos de los tiempos que corren, estarán condenados a una obsolescencia inevitable, no importa la edad o condición social, hoy estos cambios están al alcance de todos, solo hay que asomarse a esta realidad y tratar de empatizar con ella. La inteligencia artificial seguirá su rumbo veloz con aplicaciones impensadas en apenas un lustro atrás, lo que hace unos años nos parecía un sueño, hoy es palpable, es como si el mundo se hubiese partido en dos a partir de la pandemia Covid-19, que se materializó en el 2020, enseñándonos otras vías para vivir y trabajar, poniendo de moda forzada el home office, aislando aún más a una sociedad de por si super conectada en comunicación virtual, pero cada día más alejada de la aproximación y el toque con otro semejante. Ni se diga del contacto visual que es casi nulo a partir que se integran las nuevas generaciones de miradas casuales, no buscadas, quizás más cercanos a la proxémica como componente fundamental en las relaciones humanas que manejan con nuevos conceptos y otros enfoques.    

De cualquier forma, esperemos que los cambios en el 2026 lleguen, nosotros hagamos que esto suceda y se encaminen a una mejor vida en general, ser optimistas no conformistas y movilizarse para no estancarse, será el reto que nos tracemos para esta nueva etapa de nuestras vidas en armonía con los demás.