Andariega

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Hay días que amanezco ya cansada, como con algo pesado por digerir moral y físicamente, no sé por dónde o con quién anduve mientras dormía, será que me voy a los sueños y al despertar algo despierta conmigo, pero luego desaparece, no sé si con el café o con mi costumbre de evasión.

Cuando sueño me pierdo, me gana el mareo y desciendo a veces en espiral para después poder subir como un globo de esos con los que solía pedirle un deseo a Dios o mandarles un mensaje a aquellos seres amados que yo pensaba que habitaban ya el cielo. Pasa que en el sueño no sé si sigo siendo yo, como cuando bebes, cuando tomas algo que altera todo, como alguien que tropieza en el ecualizador y cambia todo, los agudos, el eco y a mí.

Me permito todo, fluyo, no como en la vida diaria, siento y fuerte pero soy más líquida, más escurridiza y no tan terca como despierta. Me ha pasado que despierto con añoranza de aquello que soñé, con esa vida, con ese tono, aroma y emoción, ¿quiénes se nos permite ser cuando no estamos y con quién convivimos en el sueño?

He escuchado que dicen que todos los rostros que podemos imaginar son aquellos ya vistos y recolectados de nuestra vida diaria, de nuestro andar, incluso rostros que no causaron mayor impresión el subconsciente los cacho y memorizo, entonces soñamos con sólo rostros, con los maniquíes o avatares de personas que habitan la Tierra como uno, pero no con ellos en sí, ellos viven en su mundo y sueñan dentro de él, me supongo o que alguien me pruebe lo contrario o diferente.

Me pregunto si alguien habrá soñado conmigo sin conocerme y yo fui esa extraña que su cabeza recolectó y memorizó, me pregunto ¿cómo será en los ojos ajenos, cómo me veo siendo una extraña, siendo parte de la calle, del escenario del horizonte, qué les llamara primero la atención, mi andar o mi nariz arqueada y grande?, enigmas que un día me gustaría saber, pero bueno eso me haría sumamente egocéntrica y egoísta y he leído que eso tampoco es bueno.

Pero regreso al tema del sueño, me gustaría saber si viajo, si me despego del cuerpo, si beso otra dimensión o si es a donde llego cuando duermo todo. El sueño no lo alcanzo ni dormida ni despierta, pero existe sin puerta, sencillamente cerrando los dos telones debajo de mis cejas.