Analogía

Por Maru Lozano Carbonell

A los cuarentones, cincuentones y sesentones nos toca vivir pura analogía. O nos ponemos a la par de lo analógico o nos veríamos inmersos en lo obsoleto de este mundo digital que arrastra nuestros esquemas por completo.

Si incluso las relaciones inter-personales se están basando en la analogía, es decir, relación de semejanza entre cosas distintas, entonces no debemos olvidar que son “distintas”.

Si somos papás o somos tíos, abuelos, etc., lo primero que podríamos esperar en una fecha importante como cumpleaños es un “meme decorado”. Los pasteles ahora ya no son de chocolate, son con destellos pululantes y los abrazos te los das tú mismo mentalmente a través de lo que recibes en línea. ¿Es bueno esto?

Si tienes un familiar viviendo lejos y recibes algo así, es hermoso, la tecnología tiene mil ventajas que acarician el alma; pero nos referiremos a las desventajas porque urge lograr el sano equilibrio.

Si eres docente, te suplican actualices tu didáctica con las TICs, sin embargo, yo quiero dejar tareas en línea, incluso en niveles universitarios, y te alegan los jóvenes que no tienen computadora y mucho menos internet. Efectivamente, todos tenemos un dispositivo móvil con paquete de redes sociales, mas no de redes educativas. Ojalá las compañías incluyeran plataformas como EDMODO o Khan Academy en sus planes al público además de Facebook y todas esas.

¿Será entonces que la era tecnológica está marcando también nuestras relaciones intra-personales? La línea entre “me relaciono contigo y me relaciono conmigo” es delgadísima, ya todos la estamos confundiendo.

Si tengo cincuenta años, estoy casado, aburrido de la monotonía y quiero sentir la sangre correr, pues me avoco a las redes sociales, me enredo en contactos y me siento acompañado, útil, valorado y poco expuesto. ¡Curioso! pero así es, no sentimos el riesgo, aunque que por internet se revele todo de manera más profunda.

El escudo que la pantalla representa, es nuestra protección y nuestra seguridad, la cual no es igual a quitarte “pantallas” en persona donde tuviera que haber un compromiso de “hacer tiempo”, “hacer ahorro e inversión”, “deseo de intercambiar energías”, “planear, preparar y vivir un ambiente”.

¿Cuenta como pecado o infidelidad el intercambio de emociones virtuales? ¡Es que los “likes” están destruyendo familias! O por lo menos están cambiando la dinámica de las relaciones.

No podríamos culpar a los varones solamente, somos las mujeres quienes propiciamos la idea del “apego sin apego”, las que aceptamos que la base de cualquier relación deje de requerir esfuerzo por parte de ellos.

Sin duda, relacionarnos de manera distinta en todos los campos, también arrojará resultados distintos en lo familiar, en lo educativo, en lo cultural, en lo productivo, en lo religioso, en lo amoroso, ¡pero no en lo físico! ¿Los podremos asumir? Recordemos que, de no concretar físicamente los encuentros y las relaciones humanas, al final del día ni sabremos relacionarnos con nosotros mismos, nos sentiríamos vacíos, decepcionados, tristes y estresados.

Una pantalla no nos pondrá una inyección, un mensaje no nos quitará el frío, un montón de likes no será útil para encontrar empleo, un gif o meme no nos donará sangre ni nos cuidará cuando enfermemos.

Enredémonos con prudencia y contactemos también con ojos, manos, olores y seres de carne y hueso porque asusta llegar a estar solos cuando viejos y tensos.