Añadas

Estamos muy poco acostumbrados en México a hablar de las añadas. Palabra extraña entre nosotros esta que se refiere, como su nombre lo indica, a los años en los que tal o cual vino se ha producido. Siempre existen mejores y peores años entre los vinos, igual que entre nosotros, los humanos.  

Nadie ni nada es perfecto. Hace poco me sucedió algo que creo es digno de ser contado. En un restaurante del centro de la ciudad de México pedí una botella de un conocido vino del Valle de Guadalupe. Contaba yo con referencias concretas de parte del productor acerca de una añada específica de dicho vino.

Se distinguía el mismo por estar más que listo para ser bebido. No había lugar a dudas que tal añada era la mejor y más recomendable carta de la familia. Los vinos de dicha casa provenientes de añadas más recientes, debían esperar un tiempo para ser descorchados, aun estando disponibles en el mercado.

La carta de vinos, por fortuna, mostraba con precisión el vino y presumía la añada recomendada. Dicho sea de paso, había tenido yo la suerte de probarlo con antelación y coincidía con la recomendación del viticultor. Diligente el mesero fue a buscar la dicha botella. Al regresar a la mesa,  grande fue su sorpresa cuando le dije que el vino que él traía en sus manos no era el que yo había pedido. Confundido me dijo: Perdone usted, pero este es el vino que solicitó, mostrándome la botella.

Al más puro estilo de San Pedro, negué tres veces. Se acercó entonces a la mesa el capitán, a quien le insistí que el vino que me ofrecían no era el seleccionado. Fue entonces cuando ambos se dieron cuenta que la tenue razón de nuestro desacuerdo no estaba en la etiqueta sino en la añada. Ellos ofrecían un vino del 2005 en la carta y empujaban una botella del 2006 para su consumo.

La anécdota no termina ahí. Todavía el capitán, en un intento por justificar el error, me comentó que, de todos modos, aunque en efecto el año no era el que yo quería, el precio de la botella era el mismo. Peor para ellos, comenté, ya que el 2006 debía ser, por lógica, más barato que el 2005 ya que este presentaba las mejores condiciones y el 2006 merecía esperar un poco más. 

Es cierto que en la actualidad el mercado de consumo de vinos clama por aquellos que pueden ser bebidos desde el momento mismo que salen a la venta, restando a veces importancia al año de procedencia, sin embargo la Naturaleza todavía hace de las suyas y sigue sorprendiendo a los vitivinicultores, cada vez, con años buenos y otros no tanto.

Tarea es entonces de nosotros los consumidores, aprender más de las diferencias que puede haber entre una añada y otra. Estemos atentos a las recomendaciones de los productores acerca de sus vinos y demos prioridad a los sitios que toman en consideración tan sutiles diferencias.