Ambición, Política y sus Hombres

Por Carlos Murguía Mejía

El primero de julio el pueblo de México, mayoritariamente, escogió a su gobernante en el turno histórico que le corresponde. Hace muchos años, las ideologías políticas dejaron de tener una definición clara para convertirse en pragmáticas; es decir, las alianzas incestuosas de partidos de derecha, junto con los de la izquierda y sumado a aquellos que pendularmente también abjuraron de sus orígenes, dio pie a conductas amorfas donde el único interés era el poder por el poder mismo y una especie de “carrera política por prebendas”. Morena, AMLO y otros, les tocará en suerte iniciar una nueva forma de hacer política, ya derrotado el bipartidismo y hasta el tripartidismo; bueno, mas bien dicho, el partidismo monolítico del PRI-PAN-PRD, que juntos conformaban desde hace muchos años, la verdadera hegemonía partidaria y en conducción de gobierno, también.

Hoy, ya no se habla de izquierda, de derecha o del centro, puesto que, han quedado desdibujadas las ideologías y en consecuencia, lo que prevalece es el interés particular y la ambición desbordada de aquellos que sin recato, ni pudor alguno, pretenden incorporarse al nuevo equipo de gobierno que encabezará López Obrador a partir del primero de diciembre. Tal parece, que militantes de los diversos partidos a Morena desean migrar con quién va a gobernar, pero de ninguna manera, quedarse a ser una oposición responsable; no, eso no, primero la chamba mía y el idealismo a segundo término. El porqué la ciudadanía prefirió una alternancia de los partidos tradicionalistas a uno de reciente creación, pero con un líder en la lucha desde hace dieciocho años, deberá ser motivo de un análisis serio y no a la ligera. Lo cierto, es que estos partidos tradicionalistas, visto está, no escucharon a su pueblo, inquietudes y necesidades requeridas quedaban siempre ‘para más adelante’.

La responsabilidad de AMLO, deviene de preceptos constitucionales consagrados en nuestra Carta Magna, extensiva también, la obligación ineludible para todos y cada uno de los que lo acompañarán gobernando desde el primero de diciembre. La sujeción al Estado de derecho es por lo que está pugnando esta gente nuestra, desde hace muchos años.

No omito expresar que en la división de poderes, tanto el Legislativo como el Judicial, deberán establecer como premisa fundamental, su soberanía e independencia; empero, articulados entre sí junto con el Ejecutivo para arribar a una eficiente conducción del Estado. Llegó la hora de comportarse con el honor y la responsabilidad republicana mandatada por el pueblo, y lo que es más, demostrar la mayoría de edad en política, estar debidamente preparados para ese ejercicio profesional. Basta de discusiones fútiles y actos de fanfarronerías, que se deben olvidar para siempre como  los protagonismos personales y las ambiciones desmedidas. El fin a cumplir, no es en contra de nadie en particular, sino a favor de un cambio que a gritos pedía la ciudadanía, que favorezca a México, la patria y su historia.