Altura de miras

Por Manuel Alejandro Flores

Nunca me han gustado los extremos, tampoco pensar de manera catastrófica. Los indicios de un régimen autoritario que tiene por propósito mantenerse el mayor tiempo posible en el poder son muchos, muy variados. Preocupa principalmente la concentración de poder en la figura del presidente y la excesiva confianza en funciones ajenas a su misión del ejército mexicano.

Preocupa mucho que reviste sus actos de democráticos partiendo de los muy variados errores el pasado. El descrédito de los partidos hegemónicos que, con justa razón, recibieron escarnio público en 2018. Pero nos fuimos al extremo: entregarle la nación al más resentido, al fantasma justiciero, al divisionista nacional que nos tiene en vilo y que sus decisiones comprometen a las instituciones que nos dan democracia.

2021 se presenta como el escenario de la disputa por la nación. O se le entrega vía democrática el país al presidente de la República por medio del refrendo de su inmensa mayoría en el Congreso de la Unión o se le arrebata una cuota de poder llevando a diputados que verdaderamente construyan un contrapeso a la agenda del presidente y presenten iniciativas que fortalezcan el régimen democrático y no el régimen autoritario que se esta construyendo día a día.

Las abominaciones que vemos en la toma de decisiones están por resentirse en nuestra cotidianeidad. Cuando desaparezcan en forma los fideicomisos, cuando los 13 programas educativos borrados del presupuesto federal ya no operen, cuando se multipliquen los pobres extremos que reciben la dádiva mensual de la 4T, cuando más empresas desaparezcan y existan más desempleados, cuando toquemos un nuevo fondo en muertos por Covid.

Mientras tanto nuestras libertades se comprometen. En la medida en que dependemos más de la figura del presidente y no de las instituciones, que dependamos más de lo que un solo hombre decida y no del estado de derecho la libertad se acota. Aunque no ha coartado del todo la libertad de expresión, desdeña la crítica y la encasilla, aunque se dice demócrata, le gusta concentrar en su persona todo el poder posible. Tritura las instituciones señalando que fueron los bastiones del neoliberalismo y la corrupción y le da las llaves discrecionales y jurídicas a una fiscalía, la de Santiago Nieto, para que cometa todo tipo de tropelías. Somos prisioneros de un verdugo que busca colocarnos en las fauces de una dictadura, como lo comenta Beatriz Pagés.

Por esto la oposición debe tener Altura de miras. No se trata de un curul o una alcaldía, de una gubernatura o regiduría. Se trata de pensar en el país que queremos que hoy parece más claro ante las formas de la 4T. La altura de miras para verdaderamente construir los mecanismos que limiten la corrupción, para construir instituciones fuertes que garanticen las libertades de todos los mexicanos, desarrollar sistemas de seguridad que nos garanticen la paz y que en México se respete la vida de las personas desde la concepción hasta la muerte natural.

Los ciudadanos libres y los partidos de oposición deben leer los signos de los tiempos, el dinosaurio que aparentemente se extinguió en el 2000 sólo muto a una forma más agresiva y regresó con la bandera de las soluciones. México se está hundiendo en la regresión. Es necesario que ya se dé un golpe de timón para desterrar de una vez por todas a esta mutación llamada Morena que sólo busca resguardar los cotos políticos de una clase que se niega a morir para ser sustituida por una nueva generación de políticos que verdaderamente transformen la realidad de México y lo ponga en el futuro prometedor que merece. Esa debe ser la prioridad.