Alma de Rarámuri

Por Guadalupe Rivemar Valle

giralunas5@hotmail.com

Leí algo sobre la relación de los rarámuris con la vida y con la muerte. Ellos creen que el alma sale y entra del cuerpo, sale una parte mientras están soñando, esto es algo en lo que siempre he creído aunque no soy rarámuri, sino tijuanense, y también creen que el alma habita adentro del corazón. Su fuerza entonces está en el corazón, y en los pulmones. Y hay dos estados de ánimo fundamentales en sus vidas que son la alegría y la tristeza. Todo es así de simple. Hay una obligación con la alegría de la vida, deben reír, estar contentos y moverse para mantenerse fuertes y sanos, saben que no deben mostrarse vulnerables para no permitir a sus muertos que vayan por ellos en un arranque de tristeza. Por eso siempre buscan cómo ser felices, por eso aguantan el hambre, por eso aguantan el frío. Pero al parecer su armonía con el cosmos se viene abajo: “El factor emotivo influye en el devenir de las relaciones sociales y del universo”.

Son siete estados y más de mil comunidades afectadas hoy en día por la sequía extrema en la región del norte de México y un escándalo rebota en el mundo desde la Sierra Tarahumara, donde descubren que hay cerca de 50 mil indígenas rarámuris muriéndose de hambre. Revisé el video donde un líder campesino hace una denuncia grave y habla de los rarámuris que se suicidan en su desesperación, ahorcándose o lanzándose al barranco. Parece que la información se malinterpretó y por alguna razón daba la impresión de que se había registrado un suicidio masivo. Esto es lo que causó escándalo, pero en realidad se aclaró que no se lanzaron juntos, pero sí, en los últimos meses alrededor de cincuenta rarámuris se habían quitado la vida.

Ya no importa si se matan en actos colectivos o de uno en uno, o de tres en tres, pues el reflector internacional apuntó hacia la sierra helada, inaccesible y apenas se filtraron algunas luces pudimos entrever el abandono, la miseria, el abuso, la tala, la explotación y la presencia del narco con sus plantíos de marihuana, arrinconando a esta comunidad. Los niños, dicen que como los de Biafra, flaquitos y panzones, mueren por desnutrición y las madres, hundiéndose en su pena, se llenan de tristeza, decía el hombre en su denuncia, se ponen tristes cuando pasan tres y cuatro días y no tienen con qué alimentar a sus hijos. Al tipo en la entrevista se le cortaba la voz, se le atoraban las palabras.

Lo cierto es que el equilibrio de los rarámuris está en crisis igual que otras comunidades. Podríamos pensar que la Sierra Tarahumara está muy lejos de nosotros, que ya van las toneladas de ayuda. Pero molesta saber que no hay ley o programa que los proteja; dicen los que viven en las ciudades, que llevan a los indígenas en camiones a la cosecha de manzana por temporadas, y que los hombres sólo ganan dinero para emborracharse, mientras las mujeres salen a pedir dinero en las calles. Dicen también que no es cierto que los rarámuris se mueran de hambre porque son fuertes y hechos para aguantar, no sé qué pensar, porque no los he visto ni hablado con ellos, pero me conmueve escuchar esa historia de las madres tristes, porque ellas piensan como yo que el alma viaja mientras soñamos y que luego de ir a visitar a los muertos y a los vivos que deseamos ver y no podemos, regresa en un aliento, en un respiro, a instalarse en medio del corazón.

*La autora es promotora cultural.