All My Friends, ahora junto al mar

Rosarito, B.C.- Vivir en la frontera de las Californias, impregna a la gente de  la región tanto de cultura estadounidense como mexicana.

 

El pasado fin de semana se llevó a cabo el festival de música  All My Friends, que cumple cinco años de existencia. Es una fiesta que crece y crece, el impulso a una cultura binacional sigue siendo uno de sus grandes atractivos principales.

Este año el festival apostó por un cambio de sede, a Castillo del Mar en Rosarito. El objetivo del festival es encontrar un punto céntrico, donde permita a personas de ambas Californias disfrutar de esta experiencia.

El festival evoluciona, no es la música, lo que ofrece es construir toda una experiencia.

La playa es el perfecto escenario que combina la belleza natural del estado con las bondades que ofrece la propuesta gastronómica. Este año se inició una alianza con el Baja Culinary Fest, logrando llevar a otro nivel la propuesta de comida disponible en el festival.

«Estábamos haciendo una versión de pato naranja pero llevado a algo más urbano, más callejero como lo es el hotdog», expresó el chef Alberto Cansino sobre el platillo que presentó en la cocina central, una estación en donde los chefs de la región deleitaron con sus propuestas creativas estilo Baja Med.

Entre los puestos de comida destacaron  el «Ta’costeño» del chef Rodolfo Luviano  con sus tacos de pulpo con queso y huitlacoche, preparado con ingredientes frescos de la región. Otro de los puestos más concurridos fue «The lunch box», con su Hamburguesa Sheriff, preparado con hongos portobello rellenos de queso azul y carne angus sirloin hecho en casa, creación del chef Marco Mundo.

 

De Costa Rica a Baja California

Uno de las actuaciones destacadas del festival fue «Las Robertas», banda costarricense que ha sido telonera de Pearl Jam. Franco, Mercedes y Monserrat aprovecharon su tercera visita a México para presentar material de segundo álbum y recién editado en México “Days Unmade” con canciones como “Better Days” y “Marlene“. Uno de los momentos más emotivos fue cuando la banda tocó el cover de Beat Happening, “Foggy Eyes”, logrando conectar con el público con esa  mezcla perfecta entre el punk y el shoegaze.

El sonido californiano de las chicas de Bleched proporcionó al público una promesa cumplida del garage punk y las olas del Pacifico, recreando en los espectadores la sensación del sueño californiano: Sol, arena, mar y música de calidad. Jessica Calvin, vocalista del grupo cautivó no solo por su nueva cabellera rojo intenso, también por la energía en el escenario en temas como «Ride Your Heart», donde el público se entregó al baile total.

El jardín contó con áreas verdes en donde el público tuvo la oportunidad de sentarse y hacer pequeños picnics, disfrutando además de una palapa multimedia; puestos de artesanía acompañaban el escenario musical. 

La presencia de bandas como Ghost Magnets Roach Hotel, proyecto creado por tres artistas visuales de la región y dos músicos de San Diego, ofreció un show más apegado al performance, con una mezcla de arte sonoro y el punk. Una de las atracciones que el grupo ofreció fue la construcción de una pirámide de madera de tres niveles en donde los artistas se colocaron vestidos con disfraces galácticos.

Otra de las bandas que ofreció un show diferente fue Lumenians. La banda de San Francisco tiene piezas bien ejecutadas combinando el uso de increíbles visuales expuesto con proyectores, creando un ambiente digno de una fantasmagoría, sin duda no hay mejor pánico que el provocado por la psicodelia.

En punto de las 9 de la noche apareció Point Loma, mejor conocido como Bostich.

“Bueno, la diferencia entre Nortec y Point Loma ahora sí que es la deconstrucción del sonido norteño, sintetizadores y  Point Loma es ciento por ciento electrónico en donde estoy usando tecnología muy antigua sintetizadores, caja de ritmo, modulares y bueno también un reto el estar en el All My Friends que es un show totalmente en vivo sin ayuda de una laptop”,  explicó el fundador  de Nortec acerca de su proyecto como solista.

«Yo creo que (AMF)  tiene potencial, una proyección, puede llegar a ser uno de los festivales más importantes del mundo, lógicamente de México», resaltó Bostich.

El cierre del festival fue a cargo de la banda local, Sonidero Travesura, el sintesista Dardin Coria y el baterista Omar Lizárraga prendieron a ritmo de cumbia  con material de su disco «El tigre digital», invitando al público a una pachanga latina.

En definitiva, este año la versión del festival fue más allá de estimular los sentidos del gusto y el oído.

Mover la escena musical a la orilla del mar ha sido uno de su aciertos, en la consolidación del proyecto, al permitir que las presentaciones contaran con un grandioso escenario natural, convirtiéndose en una vivencia multisensorial playera.

Foto: Alejandro Gutiérrez