Algo tóxico

Por Maru Lozano Carbonell

Ante la queja usualmente anhelamos “justicia”. Quisiéramos que alguien o algo venga y nos arregle todo y nos aleje lo tóxico. Esto pudiera estar en el trabajo, en la familia, en las relaciones, en los amigos.

¿Qué sería entonces la justicia? Depende desde dónde la veas. Yo creo que es dar a cada quien lo que necesita. Es la apreciación, el reconocimiento y respeto de los derechos y del mérito de cada uno.

Imaginemos en una familia que existen tres hermanitos, uno de ellos tiene una discapacidad motriz. ¿Se le trataría igual? ¿Se le alimentaría igual? ¡No sería justo! Lo justo sería darle lo que necesita y acercarle lo máximo para su desarrollo integral ¿cierto?

Merecemos lo que estimamos y si alguna de nuestras necesidades ya no se está cubriendo o bien, hay algo que interfiere con la capacidad de ser productivos o de llevar una relación sana, pues estamos nadando en el río tóxico.

Si reducimos la palabra necesidad con dejarnos aplastar y le superponemos la total “resiliencia”, podríamos posponer nuestro crecimiento y posibilidades de expansión. Es que los primeros en alimentar la falsa necesidad ¡somos nosotros! Por ejemplo, desde la comida que nos estamos llevando a la boca. Si estamos supliendo amor, dulzura y demás carencias emocionales con azúcares, harinas, grasas y demás excesos, no sería justo, no es lo que el cuerpo necesita, es tóxico.

Si nos relacionamos con gente negativa en su mayoría del tiempo, no sería justo, no es lo que necesitamos, es tóxico.

Si necesitamos sentirnos vivos y de ahí que sólo procuremos sensaciones adversas tanto de gente, de lugares, de alcohol, tabaco, etc., entonces el camino nos llevaría seguro a un consultorio médico.

No tiene caso sabotearnos y permitirnos el chantaje. Un primer paso sería analizar y preguntarnos si esto que entra en mí por cada uno de mis sentidos, me proporciona paz, salud, bienestar, afecto, alegría.

Hay una mujer empresaria, consultora de organización japonesa que se llama Marie Kondo; ¿la has escuchado? Búscala en plataformas. Ella asesora y acompaña a quien le consulta para arreglar el desorden y optimizar espacios en casa. Una de sus máximas es: “Si no te causa alegría tal objeto, deshazte de él”.

Así que, sin “peros”, empecemos por tener claro lo que no queremos y limpiemos para andar entonces mejores caminos porque el gusto y el amor llegan hasta donde empiezan las faltas de respeto por el tiempo, lugar o espacio.

Si en el trabajo o en cualquier relación ya no puedes ser “tú” de manera creadora, limita tu atención, mereces intentarlo nuevamente. Que te quede claro que tu ruta neuronal puedes cambiarla para no repetir patrones, pero eso requiere moverte y salir de tu codependencia y zona conocida.

La gente sólo te va a tratar de una forma: ¡La que tú le permites! y esa, te alimenta. Ojo entonces si es nutritivo, de lo contrario, con permiso, gracias y adiós.

Aprende a crear otro tipo de conducta si la relación formal con esa persona, ese trabajo e incluso contigo mismo no favorece. Entender que romper ciertos vínculos conlleva dolor, pero si usas tu tiempo para convertirte en una mejor persona empezarás a sentirte orgulloso de ti, por lo tanto, disfrutarás tu propia compañía y atraerás entonces gente valiosa y enriquecedora para tu vida.