Algo está bien

Por Maru Lozano Carbonell

Según la psicoterapia humanista, los tres demonios que impiden el desarrollo son: Experiencias obsoletas, introyectos y asuntos inconclusos. Así que, cuando estés repitiendo patrones, te sientas incómodo, estancado, triste, enojado, frustrado, etc., piensa si estás rumiando aquello que ya no va al día de hoy. O bien, a lo mejor estás viviendo experiencias tragadas sin digerir que no tienen nada que ver con tu deseo ni experiencia. O quizá estás estancado por algo que no has cerrado del pasado.

Hazte responsable del adulto que eres ahora y el día de las madres, por favor dile algo bonito a ella si es que la tienes contigo. Algo está bien, algo hizo perfectamente, algo lindo habrá que subrayar de ella. Por favor no le eches más la culpa.

Si algo es cierto, es que dio lo mejor de sí, como pudo, lo que pudo, cuanto pudo, pero te aseguro entregó su máximo poder. Si lo que recibiste no te llega ni a las rodillas y reprochas que pudiste recibir más de tu mamá, algo está bien. Porque si tu mamá no fue tu amiga es porque no quería dejarte huérfano. Tenías que experimentar tú, tenías que avanzar tú.

Si de pronto te caía mal tu mamá, es normal porque a nadie nos encanta que nos pongan reglas, mucho menos castigos, ni tampoco horarios, pero no se lo digas.

Si te entristece que no te fue a ver al festival o te dejó al cuidado de alguien, que sepas que si alguien se sentía inquieta por eso era ella.

Alguien que no está acostumbrado al orden y a la estructura, batallará en la escuela, en el trabajo y sociedad, si tu mamá te obligaba a llamar y agradecer un regalo, a saludar y dar las gracias, a visitar a la familia y demás, a pesar de todo lo que te chocaba, ¡te puso andamios de oro!

Si tu madre fue rigurosa con amor, malo porque da coraje tener que hacer las cosas por ti mismo.  Si tu madre fue permisiva, el resultado es ser un hijo desastroso e infeliz porque no puedes auto-realizarte, no gozas un logro porque no sabes moverte solito.  Si te tocó una madre algo tóxica, tuviste que aprender a poner límites.  Pero aquella madre hizo lo que sabía hacer, lo que estaba dentro de sus posibilidades, no podía sopesar, simplemente te tenía en brazos, luego enfrente y había que avanzar como fuera.

Si eres ingrato es que tu mamá fue muy complaciente. A estas alturas, valora que algo tuvo que hacer bien.

Si sientes ganas de reclamarle aquellas experiencias ya obsoletas, las creencias y costumbres que te inculcó y hubo ciclos que no cerraron bien, con tu potencia de adulto y, quizá de la mano de un experto, sana el camino que pisas y adelante. Pero no le recrimines a la mujer que, de alguna manera, puso más de su esfuerzo en ti. Que, por cierto, no eras lo único con lo que tenía que lidiar, había más gente, había trabajo, había dolores, había carencia, había miedo, había tristeza, había enojo, había grilletes.

De cara al cielo, o de cara a ella, algo está bien. Díselo, ¡te sentirás mejor! Si es posible, tómala de las manos, ve sus ojos y ya así, simplemente dile: ¡Gracias mamá!