Alergia en tiempos del Covid

Por Dianeth Pérez Arreola

Todas las primaveras nos ataca una alergia muy fuerte que se agudiza al acercarse el verano. Este año se ha unido al clan del pañuelo desechable la pequeña de la familia, la única que faltaba en nuestro particular cuarteto de estornudos.

Dice mi mamá que somos la única familia que gasta más pañuelos desechables que papel sanitario; tenemos una caja en cada habitación de la casa. Nuestra hija mayor va dejando un rastro de pañuelos usados, como las migas de pan de Hansel y Gretel, para desesperación mía.

Todos tenemos medicinas diferentes para la alergia, yo tengo el dudoso honor de haberlas probado todas en sus diferentes dosis y presentaciones, pero sea cual sea nunca parece cumplir el alivio prometido de 24 horas. En estos tiempos es complicadísimo tener alergia, porque en la primera pregunta que te hacen al tratar de ingresar a otros espacios, ya estás fuera: ¿tienes síntomas de resfriado?

Estuve posponiendo una cita con el médico para revisar una bolita bajo mi axila, luego vino el confinamiento y en cuanto se abrieron las consultas regulares me apresuré a hacer una cita. Me pasaron a un centro de diagnóstico en el que tenía que agendar una ecografía y ahí me hicieron la dichosa pregunta. Dije que sí tenía síntomas de resfriado pero que les podía asegurar que era alergia.

No hubo pero que valiera: no podemos diferenciar entre alergia y Covid, me respondieron. “Tuve que posponer esta cita los meses del confinamiento y ahora según ustedes ¿tendría que posponerlo un par de meses más hasta que no tenga el menor síntoma de alergia?”. Sería lo más conveniente, me empezaron a decir, pero interrumpí para darles las gracias y decirles que buscaría otra opción porque no estaba dispuesta a esperar. Adiós. Qué fácil es pedir paciencia a alguien que se ha preguntado por meses si no tendrá cáncer.

Llamé a la asistente del médico, expliqué lo que había pasado y obtuve un pase para radiología en un hospital, esta vez con un mensaje en amarillo fosforescente que decía “tiene alergia”. Practiqué con éxito el control mental para reprimir cualquier intento de toser o estornudar mientras estuve en el hospital porque no quería recibir ninguna mirada de pánico o reprobación. La bolita por fortuna resultó inofensiva.

A la hora de reservar en un restaurante, a la entrada de museos, cines, teatros, parques de atracciones, preguntan: ¿tienes síntomas de resfriado?  Así que los alérgicos tenemos dos opciones: o mentimos o nos auto excluimos de cualquier actividad no indispensable.

Hace dos semanas que los niños de preescolar y primaria regresaron a clases y cruzamos los dedos esperando que eso no traiga como consecuencia un rebrote del Covid en el país. Mientras tanto la maestra de mi hija mayor ha hecho confesar a todos los estornudadores primaverales frente a la clase -tipo reunión de Alcohólicos Anónimos- “soy Fulanita, y soy alérgica” para tranquilizar al grupo y que dejaran de pelar los ojos y gritar: ¡coronavirus! cada que alguien estornuda. Cosas de la nueva normalidad.