Agua, Aire y Energía definen nuestro futuro

Por Elisa Ibáñez

A veces pensamos que los grandes problemas ambientales requieren grandes soluciones. Y sí, necesitamos políticas públicas, infraestructura, inversión y decisiones a largo plazo. Pero también hay que recordar que las ciudades también cambian a partir de pequeñas decisiones cotidianas y colectivas.

En Tijuana tenemos una falta importante de recursos naturales que nos recuerdan todos los días nuestra responsabilidad: el aire, el agua y la energía, aclarando que no soy ambientalista, soy ciudadana de esta frontera.

Empecemos por el aire. No podemos controlar todo lo que contamina nuestra ciudad, pero sí podemos preguntarnos qué está en nuestras manos. Dar mantenimiento a nuestros vehículos, compartir traslados cuando sea posible, evitar quemas y reducir el uso innecesario del automóvil son acciones sencillas que, multiplicadas por miles de personas, pueden tener un impacto real en la calidad del aire que respiramos.

Con el agua ocurre algo similar. En la Zona Costa de Baja California vivimos en una región con un estrés hídrico desde que tengo memoria. Cuidar el agua, usar regaderas que reducen el consumo de agua en la ducha, reutilizar agua cuando sea posible, utilizar sistemas de riego eficientes y cuidar nuestros jardines son decisiones pequeñas, pero importantes. En las empresas también podemos comenzar por algo tan sencillo como conocer cuánto consumimos y dónde podemos reducir.

Y está el tema de temas: la energía. Instalar paneles solares, apagar las luces que no necesitamos, desconectar equipos que no estamos utilizando, aprovechar mejor la iluminación natural, plantar árboles, utilizar equipos eficientes y revisar nuestros hábitos de consumo puede parecer insignificante frente a los grandes desafíos energéticos del país. Pero nuevamente, lo pequeño se vuelve importante cuando se multiplica.

Estamos ante un desafío monumental, pero mediante la adopción de pequeñas acciones individuales y colectivas, podemos contribuir a mitigar sus efectos y proteger nuestro planeta para las generaciones futuras.

Las empresas podemos hacer diagnósticos básicos de consumo de agua y energía, reducir desperdicios, promover la separación de residuos, incorporar criterios de eficiencia en nuestras compras y, sobre todo, involucrar a nuestros colaboradores. No se trata de que todas las empresas tengan que hacer grandes inversiones desde el primer día, se trata de comenzar por aquello que sí podemos hacer.

Quizá el mayor reto sea cambiar la idea de que nuestras acciones individuales no importan. La indiferencia no es neutral, es una decisión.

Miles de personas haciendo pequeños cambios sí pueden transformar una ciudad.

Tijuana tiene enormes retos ambientales, pero también tiene algo muy valioso: una sociedad con capacidad de organización, iniciativa y solidaridad.

Cuidar el aire, el agua y la energía no debería ser solamente una preocupación de expertos en medio ambiente. Cuidar la parte del planeta que nos corresponde, aunque sea con acciones pequeñas, puede hacer la diferencia en lo que dejaremos a futuras generaciones.