¿Acaso es acoso?

Por Maru Lozano Carbonell

Semana de celebrar el amor y la amistad, pero en ocasiones el ambiente nos recuerda justo lo que “no” tenemos y da tristeza.

Es en el trabajo donde pasamos una buena parte de nuestro día y es desde ahí de donde penden varios hilos que definen un tanto nuestra rutina, sentimientos y desarrollo.

Sucede que por necesidad cedemos a comentarios sarcásticos e indirectas de personas que ejercen cierto poder de forma negativa. Lo primero que pensamos es que nosotros somos los culpables.

La gente que en la oficina disfruta ejerciendo control y se porta dando una de cal y otra de arena, nos confunde porque a veces llega muy buena onda y otras con su maquiavélica forma envenenado el ambiente. Y es que no siempre se tiene que ser malo y negativo para controlar al otro, puede pasar de ser bueno y ya en las garras regresar a lo contrario.

Nada más perverso que, si no te pueden controlar a ti, buscan controlar la manera en la que otros te puedan concebir, debilitándote y ensombreciendo tu presencia.  ¡Así se tortura a la gente! ¿Te ha pasado?

Ojo entonces que el maltratador no siempre será malo, por lo que vas a depender de cómo llegará cada día. ¡Qué estrés!

Uno comienza con el auto-interrogatorio de, ¿por qué estoy viviendo esto? ¿Qué estoy haciendo para provocar o merecerlo? Y mil cuestiones más generando sentimientos de inferioridad que incluso provocan cometamos errores. Vivir con cicatriz permanente es muy molesto.

Un maltratador siempre te atraerá con su arrepentimiento para que vuelvas a confiar, sin embargo, te desubican porque pronto vuelven a causar daño.

Para superarlo, uno tiene que buscar su propósito personal en la vida; no lo que te ligue a esa empresa ni a cierta labor, ubica tu misión y, en lugar de centrarte en los que dañan, céntrate en ti. Háblalo con el superior porque no es posible acudir con miedo, vulnerables y perdiendo de foco de la productividad.

Se puede estar bien y se puede estar mejor. Si es relativamente fácil cambiar de trabajo, hay que hacerlo. Pero si es difícil un cambio y estamos seguros que no somos responsables del trato que estamos recibiendo, nuestra actitud debe cambiar desde nuestra atención. Habría que identificar las cosas positivas que tenemos en nuestras vidas fuera de ese ámbito hostil, distraer nuestro lente hacia los momentos de felicidad para dejar de darle relevancia. Suprimir la indefensión aprendida y no permitir ser recipiente de las frustraciones y traumas del acosador porque eso es algo que no nos corresponde cargar.

Mientras sientas enojo por lo que te causan vas bien porque significa que te quieres defender, pero si ya sientes tristeza, entonces lograron el objetivo y te han tumbado.

Comunica y proyecta tu ira de forma asertiva, no seas sumiso. Expresa con realismo lo que pasa a tus autoridades, pidiendo respeto.

Enamórate de algo y de alguien para que fortalezcas tu colchón emocional y analiza posibilidades para cambiar de entorno.

Sustituye todo por superación personal. Busca ayuda profesional que te oriente y así recobres tu propia estima, valor y auto-realización. Si acaso sufres de acoso, ¡cuentas contigo! Ya nos lo dijo John Lennon: “La vida es lo que ocurre a tu lado mientras haces otros planes”.