Abstención electoral

Por Carlos Murguía Mejía

La abstención, un verdadero flagelo de la democracia, por desgracia, siempre presente en las elecciones. El País  que se erige como el paladín de la democracia son los Estados Unidos de Norte América; sin embargo, visto está que la mayoría de los ciudadanos de ese país no eligen a su Presidente, sino que, es a través de una fórmula atípica y según los delegados que contenga el Estado emisor. Amén de la abstención del ciudadano para emitir su voto.

Pues bien; más bien pues mal, en México el abstencionismo es francamente alarmante y esto conlleva a que las autoridades electas, carezcan de la legitimación suficiente para ejercer el mandato en nombre y representación de la mayoría de los ciudadanos.

Basta tener la mayoría de edad y una credencial de elector para formar parte de ese gran inventario que no avala la conducción de un gobierno con su silencio. Por deber cívico, el ciudadano se debe apersonar en la casilla para emitir su voto, expresar la simpatía por el candidato de su elección y en consecuencia, adquirir la legitimación correspondiente; caso contrario, con la ausencia del sufragio otros deciden por aquel participante ausente, sin aviso ni permiso, llamado elector  abstencionista.

“No es lo mismo ser buen ciudadano, que ciudadano bueno”.

El buen ciudadano cumple con su responsabilidad cívica, toma verdadera conciencia de su rol en la democracia, entiende que el continuismo de un gobierno o el poder variar la forma de éste y elegir al candidato de su elección; deviene de su fortaleza y participación en la urna. Cuando el votante tenga verdadera conciencia que solamente con el trazo de una cruz sobre la papeleta, estará empezando a cumplir con ese deber cívico, es entonces cuando entenderá el valor del empoderamiento ciudadano para cambiar las cosas en nuestro país; en este gran país que es México.

La soberanía reside esencialmente en el pueblo; y es así, únicamente y con la representatividad del ciudadano en la urna, como se podrá establecer que seguiremos siendo un país republicano, federal y soberano. De tal suerte, que el civismo -que en mala hora retiraron de las aulas-, es precisamente el motivo de la abstención. El no honrar al estado de derecho, a los valores sociales, a los símbolos patrios, y al deber cívico, son las causas de la abstención.

Con pena recuerdo alguna entrevista a un ciudadano equis que dijo: “que él no votaba porque nunca se lo enseñaron en la escuela y por qué nunca le dijeron la importancia del voto y menos el valor que este tenía. Francamente, sentí una gran pena. Así pues, gran parte de las campañas de comunicación social de orden gubernamental y privadas, deben invitar al voto, al cumplimiento del deber cívico y enseñarle al pueblo que la soberanía reside en él en nadie más. Amar a la patria es participar con valores cívicos y sintiéndose orgulloso de nuestra historia.