A Tijuana nada la detiene

Por David Saúl Guakil

En rueda de amigos platicábamos sobre el crecimiento de nuestra ciudad, que dicho sea de paso, nunca serán las obras lo suficientemente rápidas como para ponernos al día de tanto ciudadano nuevo que viene habitar este suelo. El tema de la conversación pasó desde la cantidad de nuevas construcciones habitacionales, para todos los targets, de firmas inmobiliarias del interior del país y locales, hasta lo que se le llama crecimiento comercial, es decir, marcas de tiendas y supermercados que se afianzaron en la región con tradición y trayectoria de calidad, otras que vinieron -de afuera- e inundaron el Estado de ‘equis’ y algunas más de pequeños y sacrificados comerciantes locales que siguen haciendo la lucha desde el seno de una familia emprendedora, pertinaz y creyente de sus propios esfuerzos.

Los ciudadanos haitianos representan otra cara positiva de este crecimiento, gente decente que busca su lugar en el mundo trayendo familias y ganas de progresar, se ubicaron lejos de la ciudad para empezar a construirse una nueva vida y demostrarnos que sí se puede, cuando se cierran las puertas de un país que hoy se muestra hostil con los inmigrantes, México se las abre para que aquí forjen su futuro y el de sus hijos. Nunca veamos a estos inmigrantes como una invasión inoportuna, sino como seres humanos que seguramente contribuirán al engrandecimiento de esta ciudad. Los vemos trabajando en la construcción, en el campo y en labores donde se necesita mano de obra con ganas y voluntades expresas.       

Ésta es la Tijuana de hoy, llena de retos, desafíos constantes y oportunidades únicas, donde la gente quiere vivir en paz y exige sus derechos, -lo pudimos ver el domingo pasado en una marcha pacífica que reunió a muchos tijuanenses de todas las edades en el deseo de expresar convicciones constructivas-, cada día con mayor vehemencia y decisión, aquí es desde donde tenemos la fuerza suficiente como para detener en gran medida la economía fronteriza ‘de aquel lado’, desde San Ysidro hasta La Jolla, lo hemos comprobado en días donde la línea estuvo interrumpida por manifestaciones de protestas por el aumento a las gasolinas, esto aunado a que los comercios de esta amplia región que cobija más de seis millones de habitantes, resienten las fallidas declaraciones o las amenazas, veladas algunas y directas otras, de un nuevo gobierno americano que tendrá de ahora en más, que pensar las cosas antes que decirlas desatando una incertidumbre que lastima por igual a ambos países y sus respectivos mercados de consumidores.

En nuestra ciudad no se conoce el verbo postergar, sino aquel que exprese avance en todas las líneas; con dificultades, poco presupuesto, sacrificio, agendas completas y horas dedicadas al trabajo innovador y fecundo. Los habitantes de Tijuana quieren y experimentan un cambio que saben muy bien llegará, dependiendo del esfuerzo y voluntad de cada uno, como siempre y más que nunca, como lo hicieron mis padres y mis tíos que le robaban horas al sueño para planear y trabajar, tratando de asegurar un mejor futuro, no sólo para ellos, sino para toda su familia, se les unían compañeros y vecinos que veían que ‘éste’ era el lugar y no se equivocaron, porque los que ahora estamos en este emprendimiento de renovar a la ciudad, junto con hijos, parientes y amigos que también creen con firmeza en Tijuana, sabemos que salir adelante y situarla como única y ejemplar en la frontera más visitada del mundo, seguirá siendo tarea de todos los que la habitamos.