A seis grados del “todas mías”

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Esta semana les contaré una historia que me hace confirmar que realmente como lo decía Stanley Milgram “El mundo es pequeño”. Le conté a Valente que esa tarde la llamada teoría de los seis grados de separación me hizo estar menos de seis grados del “todas mías”, y les contaré lo que sucedió el “finde” que estuve en la Ciudad de México.

Tomamos uno de los miles de Uber que circulan en esa ciudad para ir al restaurante Danubio (del que hablaré en otra entrega). Al subir al auto el conductor que seguramente nos vio la pinta de turistas, nos preguntó de dónde veníamos. Uno como pasajero tiene que ser precavido y no dar mayor información o incluso darle vuelta a la conversación para dominar las preguntas por un tema de seguridad; pero estábamos de tan buen humor y relajados que contestamos que veníamos de Tijuana.

Al escuchar eso, el conductor exclamó que él había vivido en Tijuana varios años y dio detalles de donde había trabajado. De inmediato mi querido amigo le preguntó al chofer si conocía a un amigo que también trabajaba en ese mismo lugar. Entonces el conductor con un gran gusto de saber que ambos conocían a la misma persona dijo: “Claro que conozco al todas mías”. Acto seguido mi amigo soltó la carcajada, tomó su celular y le envió un mensaje al amigo en común para decirle que le mandaba saludos el conductor.

Miles de autos Uber en la Ciudad de México y nos tocó ese que nos conectaba con “el todas mías” por mera casualidad. Me atrevo a decir, que historias como estas se repiten todos los días, amigos y conocidos en común coinciden en conversaciones ya sea en la misma ciudad o al otro lado del planeta y lo digo porque a mí me ha pasado en otras ocasiones; pero así es la pequeñez del inmenso mundo, jajaja.

El psicólogo Stanley Milgram realizó en Harvard experimentos en los años sesenta para ver el grado de conectividad de las personas. Experimentos que resultaron en la teoría de los seis grados de separación entre dos personas. Milgram apuntó que el mundo es una red de mundo pequeño, después del resultado del experimento donde se eligieron personas al azar en Wichita, Kansas para que le entregaran un sobre dirigido a cierta persona en Boston Massachusetts sin dirección.

La instrucción consistía en que si no conocía a la persona, trataran de entregarla a alguien que pensaran podía conocerla para que la carta llegara a su destinatario. Las variantes dieron una media de contactos entre cinco y seis personas de separación entre el que recibió la carta y el destinatario. Y a partir del experimento de Milgram se desarrollaron más experimentos sobre el tema por muchos matemáticos que llevaron a resultados similares.

Así es cómo dos personas que no se conocen sin importar que tan separadas fiscalmente estén una de la otra, pueden estar conectadas como máximo por seis lazos de amistad como media. Se dice que hoy con las redes sociales y la tecnología las seis personas se han reducido hasta cuatro grados de separación.

Les cuento que todavía no conozco al famoso “todas mías” y la verdad no sé si me interese conocerlo; pero si yo fuera un participante del experimento de Milgram y la carta estuviera dirigida al “todas mías”. Cuando me subí a ese Uber hubiera tenido doble posibilidad de acortar los seis grados a dos personas entre “el todas mías” y yo; sin contar que podría hacerle llegar la carta por dos vías.