A mis palabras todavía no las desinfecto

Por Ana Celia Pérez Jiménez

En casa intentado una nueva rutina, quizá como muchos, quizá como los afortunados, porque me gustaría decir que todos, pero no es así y no son tiempos para las mentiras, ni siquiera para aquellas con un propósito. Busco tener la mente ocupada, pero también me digo como no lo pensé antes, antes de todo esto, antes buscaba estar entretenida, que se perdiera el tiempo; ahora busco algo que hacer, algo que nutra, algo que me haga sentir activa y allí algo desconozco, quizá sea a mí misma o tal vez otra cosa, a lo que todavía no he llegado.

Estamos en una nueva realidad muy confrontativa, no podemos evadir ni un solo sentimiento porque únicamente se irá al final de la fila para volver a regresar en alguna otra hora. Es difícil no encontrarse con la familia en cada pasillo o en cada cuarto, y todavía más difícil encontrar un espacio para habitar solo, estar en silencio, pero también eso de la familia ya lo siento como una buena suerte, que antes no había valorado tanto.

Bajo al comedor y me encuentro con la soledad esperándome, a lado del tablero de ajedrez, no sé si busca una partida o sencillamente ya sabe del jaque mate y se ahorra las palabras, a veces soy algo lenta en los movimientos. La tristeza ha tomado el lado derecho de mi cama, pienso que es el lado más abandonado, que suelo llenar con libros medio leídos, medio entendidos.

Abro el closet intentando buscar el ánimo para vestirme de algo, y veo justo dentro a mi inseguridad ahí colgada, a lado de mis vestidos de noche, quizá está esperando alguna gala. Me asomo al espejo de mi baño y tengo la misma cara, aunque me sienta distinta, pero ahí paso poco tiempo, nunca he sido muy fan de arreglar el rostro que ya nació hecho.

El baño se ha vuelto un lugar donde no entra más que el silencio, siento que se me va algo con el agua y el jabón, quizá la paranoia, quizá la última noticia, quizá la última cuestión, la última mentira. Me queda claro que no hay nada claro y eso me reconforta, no soy yo la confundida, son los tiempos, es la vida, la costumbre, se está trazando un nuevo mundo, nuevas consecuencias; está creciendo una ola, que todos queramos o no, tenemos que nadar y subir en ella. Dejo ya de escribir, porque si no llego tarde a la cocina.

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