A la orilla del mercado

 

Por Daniel Salinas Basave
 
En náhuatl Tianguistenco significa a la orilla del mercado y es cuestión de dar rienda suelta a la mente y subirnos a la máquina del tiempo para imaginar un mercado mazahua rebosante de color, inundado por el perpetuo escándalo de las aves en sinfonía con los gritos de los vendedores. Mazorcas, chichicuilotes, perros xoloitzcuintles, tzentzontles, chiles de mil colores ardiendo en comales y gritería, harta gritería, todo ello bajo vigilancia de la eterna cabeza blanca del Nevado de Toluca. Sin duda alguien como el maestro Miguel León Portilla podrá corregirnos, pero por pura deducción etimológica, podemos intuir que ese lugar no era precisamente un centro ceremonial, sino un sitio para el comercio. El de Tianguistenco era el mercado más importante del Valle de México después del de Tlatelolco y a la fecha los puesteros siguen poniendo el color en el pueblo cuando se instalan cada martes. En el nombre de Santiago Tianguistenco de Galeana, como en tantos pueblos de México, conviven tres edades de su historia: Prehispánica, virreinato e insurgencia. Obvia decir que Tianguistenco es la denominación original y sin duda la más antigua. Pero los conquistadores, devotos de Santiago de Compostela, esparcieron el nombre del apóstol en cuanta tierra colonizaban. Tres siglos después se agregaría un apellido más, el del insurgente Hermenegildo Galeana, lugarteniente de Morelos.
 
El mercado siguió en pie aún tras la destrucción de Tenochtitlán en 1521, pero en 1524, poco antes de partir a Las Hibueras, el mismísimo Hernán Cortés, el todopoderoso mandamás de México en aquel entonces, llegó al valle toluqueño pasando por el célebre pueblo de los mercaderes, en donde posiblemente pernoctó.
En 1590 los habitantes del valle escucharon por vez primera el doblar de las campanas del templo de Santiago de Tilapa, pero pasaría más de un siglo y medio hasta la construcción del templo de Santiago Tianguistenco en 1756, en plena era del despotismo ilustrado Borbón.
 
El desfile de personajes ilustres por Tianguistenco continuó en la Independencia. Si Cortés llegó al pueblo en la Conquista, el mismísimo Miguel Hidalgo haría lo propio en 1810. Santiago Tianguistenco sería la antesala de la célebre batalla del Cerro de las Cruces, el último y polémico triunfo de los insurgentes hidalguistas en contra de las tropas del virrey comandadas por Torcuato Trujillo. Hidalgo y los suyos pernoctaron en Tianguistenco la noche del 29 de octubre de 1810 antes de enfrentar al enemigo. Tras su victoria, Hidalgo tomaría una de las decisiones más extrañas e incomprensibles de su vida y acaso de la historia de México: Negarse a atacar la desguarnecida Ciudad de México. Hidalgo decidió marchar rumbo a Querétaro en lugar de atacar la capital. Ahí empezaría la gran debacle de los insurgentes que concluiría con el fusilamiento de los primeros caudillos.
 
Santiago Tianguistenco también vería pasar frente a su mercado a liberales y conservadores en la Guerra de Reforma. Tras el triunfo juarista en 1860, las guerrillas de Leonardo Márquez y Félix Zuloaga que operaban en los montes del Estado de México causarían terribles estragos cobrando la vida de Melchor Ocampo, Santos Degollado y Leandro Valle. Fue en Xalatlaco, a un costado de Tianguistenco, donde el liberal Jesús González Ortega enfrentó y derrotó en 1861 a Zuloaga y Márquez.
 
Fue hasta 1877, primer año del Porfiriato, cuando es erigida la parroquia municipal del pueblo, que es elevado a la categoría de villa, recibiendo oficialmente el apellido de Galeana. En pleno año del Centenario y cuando faltaban pocos meses para el estallido revolucionario, los habitantes de Santiago Tianguistenco estrenan por fin su Palacio Municipal, que muy poco tiempo después se cubriría de sangre.
 
Santiago Tianguistenco fue uno de los objetivos favoritos de los zapatistas. No se tiene conocimiento de que Emiliano Zapata haya estado ahí, pero su temible lugarteniente
Genovevo de la O se convirtió en la pesadilla del pueblo. En 1914 Tiangusitenco es saqueado e incendiado por sus tropas.
 
Todo pueblo necesita mártires para construir su leyenda y Santiago Tianguistenco tuvo los suyos el 7 de mayo de 1916, cuando el presidente municipal José Miranda y Rodea es inmolado en la defensa del pueblo contra las huestes zapatistas. Francisco de Yturbe, Genovevo Archundia Ávila y Vital Barrera, reconocidos comerciantes del lugar, mueren en batalla junto con el presidente municipal.
 
La etimología de Tianguistenco resultó la más exacta para definir el rol que jugaría el hijo más famoso parido por ese pueblo, un hombre que vivió a la orilla del mercado y la política, en la difusa y acaso imperceptible frontera que separa ambos mundos. A la orilla del mercado, al filo de la navaja entre el cargo público y el negocio particular, sacando provecho de ambos, aprovechando las bondades de un sistema. Tal vez la efeméride más significativa para Santiago Tianguistenco sea el natalicio de Carlos Hank González el 28 de agosto de 1927, el hombre que se encargaría de inmortalizar al pueblo en el mapa, aunque su memoria no sea un derroche de virtudes. 
 
Tijuana y Tianguistenco se hermanaron el 29 de agosto de 2006. El presidente municipal de Santiago era Alfredo Rodríguez Castro. El de Tijuana, obvia decirlo, era Jorge Hank Rhon. Aquel día se dijo que dicho hermanamiento sería de enorme provecho para el intercambio industrial, comercial y cultural entre las dos ciudades.
Aparentemente no hay nada en común entre estos dos hermanos de fisonomía y edad contrastante, pero hay algo que los une y los ha convertido en carnales de sangre: El hankismo
 
Continuará…