A ese que me dio vida

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Hace 47 años llegó un joven veinteañero a esta ciudad fronteriza y al igual que muchos otros a lo largo de la historia de esta región, él también vino en busca de un mejor porvenir que el que podía vislumbrar en su ciudad de origen para él y su incipiente familia.

Su primera sorpresa fue que aun cuando seguía estando en territorio mexicano, la moneda de uso común era el dólar estadounidense. Su segunda sorpresa fue seguramente la facilidad con la que se obtenía empleo. De una fábrica de sellos para motores a una refaccionaria, poco después encuentra estabilidad laboral en la cervecería Superior como chofer repartidor.

Con un ingreso fijo asegurado, su segunda meta se convirtió en estudiar una de las cosas que le apasionaban: computación. La escuela de nombre CETAC fue su mejor opción para poder adquirir el conocimiento que le permitiría dedicarse a lo que le más le gustaba después de la música y, además poder ofrecerle una todavía mejor vida a su familia.

Años después, con título en mano emprende su búsqueda de un empleo, pero ahora ejerciendo lo que estudió. Fue la tienda de autoservicio Comercial Mexicana, la primera que se instaló en esta región del noroeste, la que le ofreció esa ansiada oportunidad. En pocos años llegó a dirigir de manera exitosa el departamento de Informática, lo que le llevaría a viajar frecuentemente al entonces Distrito Federal. En uno de esos viajes, aquel que hizo el 18 de septiembre de 1985 específicamente, se hospedaría en el Hotel Regis, el cual se derrumbaría casi todo al día siguiente a causa de un terremoto. Él estaba en ese “casi” que no se cayó, logrando salir un poco antes de esa explosión que lo llevaría al suelo, pero no lo tumbaría ante la vida.

Años después, emprendería su propio camino como profesionista independiente instalando su oficina en “Las Torres” y proporcionando asesoría a una amplia cartera de clientes que le mantuvieron activo y exitoso por el resto de esta vida.

Sé que debería de hablar del Outsourcing o el color del semáforo, el aguinaldo o algún tema similar; pero en esta ocasión quiero rendirle tributo a ese hombre culto que me dio vida y que afirmaba que la ignorancia no es un don que deba presumirse. Que llegó a decir que el problema no era no saber sino negarse a aprender. A aquel del que según yo había heredado el gusto por el futbol, y que en uno de sus últimos momentos me confesaría que nunca le había le gustado, y que lo veía en los 70s y 80s porque “no había otra cosa que ver los domingos en Tijuana”. Pero que sin duda alguna sí me heredó el gusto por la buena música, por lo bien hecho, por construir un buen nombre, además de sus facciones físicas.

Siempre recordaremos sus hijos, hijas, nietos, nietas y esposa a ese sobreviviente del temblor del ‘85 y apasionado fanático de los Beatles, que ni sus piernas cansadas lo detuvieron de visitar la ciudad de Liverpool como uno de sus máximos sueños hecho realidad.

Tijuanense nacido en León, porque emulando un poco a Chabela Vargas, así somos los tijuanenses, nacemos donde se nos da la gana. Con un noble corazón a pesar de sus cicatrices de vida. De firmes convicciones. Pero sin duda, un humano con mucho talento y algo más. Gracias Papá, lo hiciste muy bien.