A 400 kilómetros de la guerra

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Cuando algunas personas supieron que iba a Polonia me preguntaron si no me daba miedo porque cerca estaba la guerra.

Tenían razón, Polonia tiene frontera con Ucrania donde los rusos seguían bombardeando sin piedad varias ciudades, pero yo tenía claro que no quería suspender mi viaje por tener miedo.

Katowice, la ciudad donde yo estaría una semana, está a solo cuatrocientos kilómetros de la ciudad ucraniana de Leópolis. Para que se den una idea llegar de Katowice a Leopolis llevaría solo 4 horas en auto. Y Cracovia la segunda ciudad donde dormiría algunas noches, está a solo 320 kilómetros.

El 18 de abril de este año la ciudad de Leópolis amaneció con el impacto de 4 misiles rusos que mataron a 7 personas. Desde que había comenzado la guerra Leópolis había estado relativamente libre de ataques y además como ciudad fronteriza se había convertido en la más grande ciudad refugio de los desplazados que llegaban de otras ciudades ucranianas atacadas.

La embestida de los rusos a esta ciudad fronteriza fue para enviar el mensaje de qué ningún lugar es seguro.

La ciudad de Leopolis está a 1 hora de la frontera con Polonia, Korczowa-Krakovets, donde hay un control fronterizo que está a 3 horas de Cracovia.

Polonia tiene 526 kilómetros de frontera con Ucrania por eso ha sido el país que ha dado apertura al tránsito de ucranianos que huyen de la guerra. Hasta mayo de este año se tenían registrados 3.5 millones de ucranianos que cruzaron la frontera desde Ucrania que buscarían refugio en cualquier lado a otros países europeos y los más audaces o con mayores recursos sabemos que muchos de ellos buscaron llegar a Estados Unidos vía México.

De los 3.5 millones ucranianos que llegaron a partir del inicio de la guerra, 1.3 millones siguen en Polonia de los cuales el 95 por ciento son mujeres y niños, ya que los hombres se han quedado en su país para defenderlo de los rusos.

Cuando estuve ahí pude conocer sobre lo que sufrieron los polacos tras la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial. Eso los ha convertido en un país solidario con el sufrimiento de los otros, y creo que por eso ha abierto sus fronteras a los ucranianos.

Incluso, llevan un registro de solicitantes de una identificación fiscal conocida como PESEL, que permite a los desplazados interesados en quedarse en Polonia a acceder a servicios públicos y prestaciones integrándolos al mercado laboral. Sin duda, la guerra se desarrolla muy cerca de Polonia y las tensiones con Rusia y los países de la OTAN (a la que pertenece Polonia), suben de tono constantemente.

Polonia permanentemente por medio de su presidente Andrzej Duda da su apoyo público a Ucrania e incluso ha dicho que Ucrania simboliza la resistencia del mundo libre reiterando que seguirán estrechando lazos con su vecino. Y agregó “Nadie puede romper nuestra unidad”.

Las fronteras polacas con Ucrania viven tensión, ya que el ejército intensifica su presencia en los puestos fronterizos que cruzan la frontera ucraniana a recoger refugiados o a llevar ayuda humanitaria.

En las estaciones de tren como Cracovia y Katowice me tocó ver los puntos de acogida que pusieron las autoridades polacas y Unicef para los refugiados de Ucrania que huyen de la invasión rusa. De ahí los canalizan a alojamientos.

Lo único que esperamos es que la guerra termine y los ucranianos puedan regresar a su país a reconstruir sus hogares. Mientras eso sucede, que Dios bendiga a Polonia por abrir su país a los desplazados.