Cristóbal Colón: El hombre que convirtió yogures en dignidad

Por Juan José Alonso Llera

“La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos”

Hoy es un día muy triste para mí y sin duda alguna para la humanidad mi amigo entrañable Cristóbal Colón Palasí, fundador de La Fageda, falleció este 10 de septiembre de 2026 a los 77 años en Olot (Girona). Dedicó más de cuatro décadas a construir un proyecto que transformó la vida de cientos de personas con enfermedad mental a través de un principio tan sencillo como revolucionario: el trabajo real como herramienta de dignificación.

De los manicomios a la convicción

Nacido en Zaragoza en 1949, Cristóbal se licenció en Psicología Clínica por la Universitat Autònoma de Barcelona. Militante comunista en su juventud, trabajó como mozo de manicomio en los hospitales psiquiátricos de Zaragoza, Martorell y Salt. Allí vio algo que le marcó para siempre: personas encerradas, sin trabajo, sin propósito, realizando manualidades que acababan en la basura. Colón comprendió que aquello no era terapia, sino una forma de perpetuar su exclusión. Eran como muertos vivientes.

Una empresa sin plan, sin dinero y sin miedo

En 1982, junto a su esposa Carme Jordà (terapeuta y cofundador), Colón se presentó en el despacho del alcalde de Olot, Joan Sala, para pedirle un local. Quería montar una empresa para 14 personas con trastornos mentales. No sabía qué produciría ni cómo lo financiaría. Sala le diría años después: “Si hubieras conocido ni que fuera un poco el mundo de la empresa y los negocios, no lo hubieras intentado: lo pudisteis hacer porque no sabíais que era imposible”.

La Fageda comenzó con jardinería. En 1984 adquirieron la masía en ruinas de Els Casals, en Santa Pau, con una pequeña vaquería. En 1992, la Política Agraria Común obligó a reducir la producción lechera, y Colón tomó la decisión que lo cambiaría todo: transformar la leche en yogur.

Un yogur que cambió vidas

El primer pedido llegó del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Poco después, La Fageda producía 50,000 yogures semanales. Hoy elabora más de 1,000 millones de unidades al año y es la tercera marca de yogur en Cataluña. Pero Cristóbal repetía incansablemente: “En La Fageda no nos dedicamos a hacer yogures, sino a mejorar vidas, y quien no entienda esto es que no entiende La Fageda”.

La organización agrupa hoy a más de 850 personas, con más de 500 empleados, la mayoría con discapacidad intelectual o trastorno mental severo. Genera un negocio de 34 millones de euros anuales y un valor social integrado de más de 65 millones: 13 euros de retorno social por cada euro público recibido.

Un legado reconocido

Cristóbal recibió la Creu de Sant Jordi (2009), el doctorado honoris causa por la Universitat de Girona (2024), la Medalla de la Ciudad de Olot (2024), el Premio a la Trayectoria de la CECOT (2025) y el Premio Girona Talent 2026, entre otros. En diciembre de 2025 fue nombrado académico de honor de la Real Academia Europea de Doctores. Dejó la presidencia en marzo de 2024 y fue nombrado presidente de honor, dedicando sus últimos años a redactar el ideario de La Fageda.

Una pérdida inmensa

“Hoy es uno de los días más tristes de la historia de La Fageda”, declaró la empresa, que decretó dos días de luto oficial. La directora general Sílvia Domènech afirmó que él “deja una manera de hacer, de entender a las personas”. El presidente del Patronato, Josep María Bonmatí, destacó “la huella profunda” que dejó en la organización.

El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, lo recordó como “una persona que demostró que la inclusión y la dignidad también se construyen creando oportunidades”.

Cristóbal decía que no buscaba una “buena vida”, sino una “vida buena”. La encontró en una masía de la Garrotxa, rodeado de vacas, yogures y personas que, gracias a él, volvieron a sentirse útiles. Su obra no está en los balances, sino en cada trabajador de La Fageda que un día dejó de ser un paciente para convertirse en un compañero.

“Sobre el éxito personal y la humildad, solía afirmar que le gustaría morir con una dosis de vergüenza soportable”.

PD. Para mí es un día negro y también inmensamente significativo. Cristóbal fue mi amigo, ejemplo y marcó mi vida para siempre. Por otro lado, mi primer artículo de este semanario se lo dediqué a él y hoy 17 años después le vuelvo a dedicar estas líneas con lágrimas en los ojos. ¡Gracias Cristóbal Colón Palasí!