17 de enero

Por Daniel Salinas Basave

Hay días que quedan marcados en la historia criminal de una ciudad y el 17 de enero es uno de ellos. Paradojas del vaivén de los ciclos. El asesinato del colega Margarito Martínez Esquivel fue cometido el día que se cumplieron catorce años del combate en la casa de la Cúpula, una tormenta de plomo que todos recordamos y que marcó un antes y después al “inaugurar” una de las eras más sangrientas en la historia de la ciudad.

Aquella fue una semana trágica. Paradójicamente, cuando la radiofrecuencia comenzó a arder y se empezó a correr la voz de que algo estaba pasando por los rumbos de La Mesa, yo estaba cubriendo el sepelio de tres policías que fueron masacrados dos días antes en sus casas, con familias incluidas. Después se desató el infierno.

Recordamos por siempre esa mañana como sin duda muchos años después (si es que hay vida por delante) recordaremos el mediodía del 17 de enero de 2022 cuando con horror nos enteramos que acababan de asesinar a Margarito en Camino Verde.

Hace catorce años también estaban iniciando nuevos ciclos políticos. En enero de 2008 José Guadalupe Osuna Millán acababa de asumir como gobernador de Baja California y Jorge Ramos acababa de asumir como alcalde de Tijuana. Su “bienvenida” fue el que hasta entonces fue el año más violento en la historia de Tijuana cuyo entorno era una recesión económica mundial y una crisis inmobiliaria sin precedente en fatal combinación con el cierre de negocios y la fuga de capitales por el incremento de los secuestros.

En enero de 2022 Marina de Pilar Ávila Olmeda acaba de asumir como gobernadora de Baja California y Monserrat Caballero como alcaldesa de Tijuana. Reciben un estado y una ciudad golpeados y maniatados por ocho años de pésimos gobiernos y por los devastadores efectos de una pandemia mundial.

En 2008 se cometieron 825 homicidios, todo un récord en ese entonces, pero menos de la mitad de los que se cometen actualmente. La racha sangrienta que arrastramos desde hace cuatro años no ha podido ser inhibida. Las cifras arrojan que en el último cuatrienio matan un promedio de seis personas al día en nuestra ciudad.

El asesinato de Margarito fue el número 75 que se comete en tan solo 17 días de enero. Su muerte será un poco más mediática por tratarse de un trabajador de la información. Vaya, hasta el presidente de la República abordó el tema de pasada en su conferencia mañanera, aunque muy a su estilo y como respuesta a pregunta expresa, sin dejar de denostar el que sus adversarios lucren políticamente con las muertes de periodistas.

Quiero creer que presionada por los medios y la opinión pública la Fiscalía entregará algún resultado, pero ello no borra los cientos de crímenes que han quedado en la impunidad. Esta semana (esperamos) deberá concretarse el nombramiento del nuevo fiscal general del estado después de dos meses de zipizapes, jaloneos y forzadas reformas para dar un matiz legal al nombramiento de Iván Carpio.

Ese es el escenario que reciben Marina y Monserrat, dos mujeres jóvenes y decididas, pero condicionadas y maniatadas por un pantano de pestilente politiquería. Hace catorce años la casa de la cúpula marcó el inicio del año hasta entonces más sangriento pero también de la estrategia policiaca más exitosa en donde la clave, además de las acertadas acciones de personajes como Julián Leyzaola y Duarte Mújica, fue que por una vez los bajacalifornianos dejamos atrás la politiquería y nos unimos en un solo frente ¿Seremos capaces ahora? Ojalá la sangre de Margarito no se haya derramado en vano.