Zona de confort en el empleo

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Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Uno de los elementos que más inhiben el crecimiento y desarrollo profesional a nivel mental es la comodidad que nos brinda el sentimiento de tener todo bajo control hasta llegar a hacer lo imposible para no permitir cambio alguno que nos empuje a enfrentarnos a cambios. Esta sensación es conocida comúnmente como la zona de confort, que es un tanto sentirse a gusto y pensar que ningún cambio es necesario, tratando de justificar porque no es conveniente aún.

La zona de confort lleva a una parálisis de manera tal que el aprendizaje se percibe como innecesario, ya que al no haber riesgos aparentes se genera una comodidad que gradualmente se va convirtiendo en apatía, desilusión y en consecuencia en insatisfacción. Es cuando se escuchan frases como: “Me siento estancado en mi carrera”.

Regularmente esta comodidad se genera en base a algún elemento que proporciona una sensación de seguridad y fortaleza, lo cual hacer que se piense que no es necesario ir por más, o que ir por más pondría en riesgo lo logrado hasta el momento. Sin importar el nivel jerárquico logrado en una organización, permanecer en la zona de confort nunca será algo positivo.

Existen ciertas conductas que son indicativo que una persona está viendo envuelta por su zona de confort. La desmotivación es una de ellas y es perder el impulso y la disposición para llevar a cabo ciertas actividades con pasión. Es sentirse cómodo pero descontento. Así también, el vivir inmerso en una rutina y no querer separarse de ella por ningún motivo a gran tal que causa irritabilidad el no tener otra opción que hacerlo es otro de los síntomas.

Sin embargo, saliendo de esta zona se logra una mayor creatividad, una mejoría en la autoestima, por ende, un incremento en la confianza en sí mismo. Especialistas en el tema recomiendan que una persona que se detecte a sí misma que se está estancando o quedándose en su zona de confort se establezca nuevas metas que le sean retadoras y le resulten emocionantes, a sabiendas que requerirá muy probablemente un esfuerzo extra y lo llevará a asumir riesgos, lo cuales siempre es recomendable hacerlo de forma calculada. Aprender nuevas metodologías o tecnologías es otra forma de empujarse a salir de la zona de comodidad. Sobre todo, atreverse a romper con las rutinas.

Tanto los colaboradores como las empresas pueden verse de pronto atrapados en su zona de confort, de ahí la importancia de estar atentos a los síntomas que indiquen que ya se está ahí. Ya que el riesgo por permanecer siempre será mayor que el que pueda haber por estar en constante avance.