Y usted ¿a qué vino?: Vino tibio

Una de las principales preocupaciones de quienes deciden adquirir vinos para tener una pequeña reserva en casa con la intención de compartirla con la familia o los amigos, es la temperatura a la que las botellas deben conservarse.

Cuando se piensa en el espacio en donde serán guardadas siempre ha de tenerse en consideración que el lugar tiene que estar fresco, libre de ruidos, vibraciones y cambios bruscos de temperatura, así como, en la medida de lo posible, oscuro o con luz tenue. Las condiciones de temperatura idónea pueden ser manejadas de manera artificial, desde la construcción de una cava subterránea con aire acondicionado y humedad controlada, hasta la práctica adquisición de un refrigerador de vinos.

Cuando estas opciones no son posibles habrá que buscar el sitio menos concurrido de casa, el más fresco y el menos expuesto a cambios repentinos en la intensidad de ruido, luz y temperatura.  En la Universidad de Davis en California, uno de los centros académicos más serios en lo que al estudio del vino se refiere a nivel mundial, se ha llegado a la conclusión de que si elevamos la temperatura de guarda o conservación de nuestros vinos reduciremos la vida útil de los mismos.  Esto quiere decir que, a mayor temperatura, mayor aceleración en el proceso de maduración del vino o, lo que es lo mismo, menor será el tiempo que dure guardado para ser consumido en las mejores condiciones.

Y vamos por un ejemplo práctico: si conservamos un vino a 15 grados centígrados (59° Farenheit) en vez de a 22 grados centígrados (72° Farenheit), que podría ser la temperatura ambiente promedio, tendremos, en teoría, la posibilidad de conservar en buen estado nuestros vinos por el doble del tiempo estimado. Esto es posible porque estamos reproduciendo las condiciones bajo las cuales todo vino es concebido. En sentido contrario me atrevo a decir que, si lo tenemos 30 grados centígrados (pensemos en Tijuana en días calurosos), equivalentes a unos 86° Farenheit, no nos durará ni tres meses.

Pensemos pues en la ventaja que representa una pequeña inversión para conservar ese estimable patrimonio líquido, literalmente hablando, que son los vinos de casa. Un refrigerador de vinos para 36 botellas no cuesta más de 200 dólares. Y créanmelo, he visto muchas veces, en casas de conocidos, botellas que cuestan el doble sudando la gota gorda en algún rincón de la cocina.

La lógica de la Naturaleza aplicada a la vida diaria: Una vez cosechadas las uvas manejamos los racimos en ambientes con temperatura controlada, manteniéndola baja para retrasar, en la medida de lo posible y necesario, el proceso de su fermentación. La aumentamos solo para provocar su conversión, de mosto a vino y luego, volvemos a bajarla para su elaboración  en toneles de acero inoxidable o para su crianza en barricas de roble y así lo mantenemos mientras reposa en botella antes de salir a jugarse la vida, nunca a temperatura ambiente.

¿Por qué entonces empeñarnos en circular en sentido contrario?