Y su extraño mundo

Por Ana Celia Pérez Jiménez

La despedida que nunca diste te seguirá buscando como personaje de cuento incompleto, tocará tu hombro y se esconderá para burlarte, llamará a tu puerta y saldrá corriendo como un niño aburrido buscando en que ser entretenido; te la encontrarás en algún capítulo de un libro y pensarás que algo de ahí te suena tan familiar, la encontrarás en tus vecinos, en dos amantes que se besan antes de separarse para abrirte el paso.

Ese adiós que no supiste dar sigue dentro de ti alejándose como si algún día fuera a ser probado por alguien, otros dicen que se volvió en amargura y solo se le ve por las tarde a eso de las 6 de la tarde fumarse un cigarrillo en el balcón de su segundo piso, contempla el tráfico y le gusta sentir el frío.

Las palabras que guardaste porque pensaste que estaban de más se quedaron a poblar tus dentros, viven en un ambiente en cual no nacieron para habitar, se han deformado y adaptado y su vida ha sido condenada como esos hijos que muchos traen al mundo y ya no saben con qué propósito o qué hacer con ellos. Se acomodan en tu cabeza, juegan en la escalera, se resbalan por el barandal, te esconden tus disculpas, juegan a vestirse y ser importantes, juegan a la mímica y entre ellas tratan de adivinar el nombre de sus padres.

La verdad que nunca diste se quedó en esa caja de navidad debajo del árbol, esa que fue pisada de una esquina por el invitado que poco conocías, esa verdad se averió y nunca fue entregada y en vez de ello regalaste una bufanda porque pensaste que se usaría más de acuerdo a la moda y a la página 42 de la última revista que hojeaste esperando entrar a tu cita del dentista.

El te extrañaré que no pudiste pronunciar se quedó inmaduro y solitario viendo una y otra vez los álbumes de fotos de familia y todo eso que dejó, va a terapia una vez por semana porque tiene miedo de cruzar con miradas, aunque sigue afirmando que no se arrepiente de nada.

Las palabras y su mundo extraño que poco entendemos que tanto usamos, que son armas, que son puentes, que son el néctar del corazón y la interpretación del silencio de nuestros ojos; las palabras nos inventan, nos separan en sílabas y nos acentúan, describen, mienten, ellas piensan que al igual que el humano también están destruyendo su mundo.