Una carta de navegación para superar la pobreza

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Por Daniel Salinas Basave

Imaginemos por un momento que debemos confeccionar mil trajes para un numeroso grupo de niños. Tenemos la voluntad y los recursos suficientes para  hacerlo, pero a la hora de empezar a trabajar, reparamos en que no tenemos ninguna información sobre los niños a los que irán destinados esos trajes. Sólo sabemos que son “aproximadamente” mil niños (pueden ser más o pueden ser menos) y desconocemos sus edades, sus tallas, su peso, así como las características climáticas del lugar donde viven. En resumidas cuentas, trabajaremos a ciegas y al tanteo.

Así las cosas, confeccionaremos mil trajes al azar, esperando que les queden a la medida, pero por pura ley de probabilidad habrá muchas prendas desperdiciadas. Tal vez confeccionamos un traje muy abrigado para un lugar donde hace calor y de una talla muy reducida para niños que en su mayoría son robustos. Habrá algunos que podrán ponerse el traje, a otros les quedará muy a la fuerza, pero invariablemente habrá un importante número de prendas que se habrán confeccionado en vano.

Un año después querremos saber si los trajes fueron de utilidad para los niños y si los siguen usando, pero como carecemos de información completa y sistematizada que nos indique si la dotación fue exitosa o simplemente fracasó, tendremos que conformarnos con unos cuantos testimonios aislados o con la percepción del entorno.

El mensaje es muy simple: no es posible trabajar sin mediciones precisas. Un arquitecto no puede edificar una casa  si no conoce las medidas del terreno y las características del suelo.

Durante años la política social en México se trabajaba a capricho del gobernante en turno, basada en cuotas o clientelas electorales, apelando en el mejor de los casos a la percepción o el sentido común, pero sin más datos firmes que los arrojados por Inegi y sin que hubiera un sistema para evaluar si dicha política estaba arrojando resultados y llegando a las personas que en verdad la necesitaban.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política del Desarrollo Social (Coneval) llegó para romper el paradigma y conducir la política social del Gobierno federal con una dirección concreta y sobre bases firmes.

Al tener una radiografía precisa y detallada sobre la pobreza en México, se puede trabajar sobre objetivos específicos y llevar a cabo un seguimiento y una medición puntual que indique si los programas sociales están resultando exitosos. Después de todo, solo lo que se mide se puede mejorar.

Por ejemplo, no es lo mismo emprender un programa de mejoramiento o construcción  de vivienda cuando se tienen datos generales,  a cuando se sabe exactamente cuántos hogares con piso de tierra y techo de cartón y lámina hay en un municipio y dónde se ubican. Además de presentar datos comparativos con años anteriores, hay una tabla para cada entidad federativa y una media nacional que permite evaluar los avances específicos de una comunidad.

A los criterios de medición del rezago social, que únicamente tomaban en cuenta pobreza patrimonial, pobreza de capacidades y pobreza alimentaria, se agregaron importantes variables tales como educación, acceso a una vivienda digna, así como servicios básicos y activos en el hogar.

El poder avanzar con esta carta de navegación, permitió a México sortear con éxito el escenario recesivo mundial del 2008. Hoy por desgracia el Coneval yace en la picota de los condenados a muerte y no se le augura una larga supervivencia.