Un punto pensante

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Por Ana Celia Pérez Jiménez

¿Qué será de nosotros los que cuestionamos todo y a veces no resolvemos nada?, seremos los que andan colocando signos al terminar enunciados como decoración en día festivo, como cambiando los horarios en la cartelera del cine; será que poco nos llena, poco nos sacia y eso fue desde el momento de nacer, cuando la leche materna solo nos daba mayor apetito, nos hacía pensar que si habría algo distinto para la cena. Seremos los que siempre imaginaban, el escenario mientras jugábamos en la calle, los que nos trasladábamos a otros mundos con tan solo un dibujo, los que hablábamos solos, los que todavía lo hacemos, los que girábamos en un piso de sala, imaginando el escenario, el descubrimiento, el asombro, la magia.

Muchos no hemos callado la pregunta, sino que, la hemos alimentado y ésta crece, crece como tantas otras cosas naturales, crece porque hay motivo, crece porque el mundo se expande, el corazón, la memoria, el universo y tal vez la ilusión cuando no se siente observada; crece porque alberga lo que no comprende, lo que no concibe, lo que no lo es congruente, lo que la ciencia, libros, religión y vida no le han contestado. Hay almacenes de la “verdad” vacíos, esperando, que son usados como albergue de los locos, los incomprendidos, los inadaptados y allí todos en algún momento hemos estado.

Contemplo y pienso, contemplo y me pierdo, hay tantas respuestas que se encuentran reposando, dormidas y sé que yo en este momento, no sé cómo despertarlas, por otro lado, no pienso yo poder hacerlo, pero me daría mucho gusto poder estar presente cuando todos callemos. La experiencia de la vida es enigmática, nacemos con ella, no sabemos de dónde venimos y menos entendemos a donde iremos, es fácil crear miedo de lo que se ignora, controlar con esa incógnita, pero existimos seres que pensamos en otra historia, sin maletas, sin alas, más ligeros.

Yo no espero que el mundo muera ante mis ojos y dejando el esperar, mejor diré que no lo creo. Yo moriré primero y con ello mi experiencia, lo recopilado, lo pensado, lo dudado, lo gozada, lo olvidado, todo eso en un punto del cual no habrá huella, no habrá historia alguna. Nosotros los humanos somos los agujeros negros de la tierra, podemos desaparecer todo y hacer que no se encuentre nada, con nuestra presencia tan mínima; tan cortos en tiempo, tan extensos en ideas, tan incapaces de mucho, pero letales en acciones y nuestra propia insignificancia ha producido al propio antagonista. No hay desesperanza para que el sueña y despierta, hay desesperanza para aquel que sencillamente nunca, pero nunca en lo que implica esta palabra, se da cuenta.