Un nuevo inicio

Por Dianeth Pérez Arreola

El 2019 se ha ido muy rápido y aún más veloces se han ido estas semanas en México. Esta será la última vez que me despida de mi familia y amigos por largo tiempo, y voy resuelta a disfrutar y aprovechar los que se serán mis últimos seis meses en Holanda.

He encontrado escuelas para mis hijas, un trabajo a tiempo parcial y muchas palabras de bienvenida en México. Regreso al duro invierno holandés con la calidez de mi gente y el entusiasmo del nuevo inicio que me espera aquí en el verano.

Estoy segura que los primeros seis meses del 2020 se irán también volando; para entonces habré cumplido diecisiete años en los Países Bajos, once de ellos como ciudadana, trece como ciclista activa, catorce siendo casada, cuatro como residente en Holanda del Norte y trece como residente en Holanda del Sur y doce como hablante del difícil idioma neerlandés.

En estos años de expatriada escribir es lo que me ha mantenido cuerda. He escrito crónicas de viaje, noticias, entrevistas y sobre todo, columnas. Contar sobre las coincidencias y diferencias de las culturas mexicana y holandesa ha hecho más llevadera la distancia, y gracias a la oportunidad que me ha brindado este espacio ha crecido el número de amigos de mis redes sociales y he recibido entrañables correos electrónicos que me hacen sentir acompañada.

Hay unos años que resultan más buenos que otros, pero en todo caso todos los años nos dejan una enseñanza. Yo suelo hacer un rapidísimo examen del ciclo que termina en el último minuto del año, mientras sostengo la sidra en la mano y oigo la cuenta regresiva.

¿Qué estaré haciendo el año que entra? ¿Qué fue lo mejor que viví este año? ¿En qué me equivoqué? ¿Qué retos debo ponerme para el año que inicia? Luego trato de pensar una palabra por cada uno de los últimos doce segundos del año, mientras trato de comerme doce uvas sin ahogarme, palabras como “salud”, “viajes”, “inspiración”, etc.

Bien dicen que a medida que nos hacemos mayores pareciera que la vida avanza más rápido. Siento que una vez aquí, tendré que ir a toda velocidad para recuperar el tiempo no perdido, sino el tiempo que duré ausente.

Desde hace un par de años tengo la certeza de qué haré y dónde estaré en el corto y mediano plazo, y se siente bien estar segura de lo que quiero. Dicen que no se deben hacer planes porque no tenemos la vida comprada; no sabemos cuándo nos llegará el momento de partir. Por lo mismo, debemos vivir nuestro tiempo en la tierra siendo fiel a nuestras convicciones y siguiendo los deseos de nuestro corazón. El tiempo no retrocede y solo nosotros sabemos nuestros motivos y circunstancias para decidir sobre nuestros destinos.

Agradezco el honor de este espacio a mis editores y a usted que me lee, acompañándome en las narraciones de mis alegrías y frustraciones. Qué el 2020 nos traiga a  todos salud, paz, felicidad y amor.