Tomando el té en al palacio del maharajá

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Siempre he platicada con Valente que hay que sacar ganancias de las perdidas con el fin de encontrarle el lado positivo a todo. Y el día que visité Jaipur comprobé que todo puede salir mejor de lo que esperas.

Como les conté meses atrás, en nuestro primer día en la llamada cuidad rosada, que se considera como una de las tres ciudades del triángulo de oro de la India, terminé en el hospital por una fuerte infección estomacal que hizo que me perdiera de varios de los sitios más emblemáticos de esa ciudad. Cuando regresé al hotel marqué por teléfono a mis compañeros de viaje para saber si alcanzaba a sumarme a la travesía, pero estaban lejos y no los alcanzaría, así que decidí tomar un tuk tuk y le pedí que me llevara al palacio de Jaipur

Ahí llegué a la taquilla y me advirtieron que pronto cerrarían, pensé que entonces tendría que hacer la visita muy rápido. Revisé los precios y pregunté si las visitas con guía estaban todavía disponibles y me contestaron que sí, pero que para una sola persona eran más caras. Después de sentirme enferma un día antes, me llegó un pensamiento compensatorio donde una voz me decía “No importa, hazlo”

En un inglés británico con acento hindi, un hombre con cabello y bigote blanco se presentaba como mi guía. Me sonrió y me susurró que era una excelente hora para recorrer el palacio; me cedió el paso y atravesamos la puerta que nos llevó a un gran patio donde se veían los edificios del gran palacete. La escena era impresionante.

La mansión pertenece a Kumar Padmanabh Singh maharajá de Jaipur que cuenta con 20 años debido a que sucedió a su abuelo a los 12 años que fue coronado como maharajá. A pesar de que su fortuna se estima en 550 millones de euros, abre las puertas de su palacio, del cual la mayor parte es su residencial real. Construida entre 1729 y 1732 es una fusión de arquitectura de Rajhastan con influencia mongola y destacando la piedra rosa y el marfil.

A pesar de que el maharajá no tiene poder real sobre la vida y la muerte de sus súbditos, como lo tenían sus ancestros, es respetado a pesar de que en 1971 la presidenta de la India Indira Gandhi abolió los privilegios de los maharajás, dejándolos conservar sus riquezas y los títulos que les permiten codearse con los ricos y poderosos.

Recorrimos el palacio y sus impresionantes salones que me recordaban la fastuosidad palaciega de los exóticos relatos de las colonias inglesas, y al llegar a una gran terraza pude observar el interior de la sala y el comedor donde aparecían las fotografías del maharajá Pacho, como le dicen sus amigos, con los miembros de la realeza británica, ya que el príncipe Carlos de Gales es su padrino.

Terminando el recorrido el guía me dijo que era hora del té y que como el palacio había cerrado podría sentarme con él a tomarlo. Obviamente sin pensarlo mucho le contesté que sería genial. De inmediato dio una orden a una especie de mayordomo que pronto trajo el té y un plato con galletas que compartimos entre mi anfitrión y yo en medio de una charla, donde me platico muchas más historias del palacio del joven maharajá.

Fue una tarde mágica, que por ser la última en entrar al palacio pude disfrutar de la hora del té en la terraza del palacio de Jaipur.

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