Sin hidrato

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Todos los caminos son inciertos, no existe verdad en el futuro, únicamente la que llevamos bajo el brazo y tontamente yo siempre quiero averiguar si lo que viene es más interesante que lo que ha pasado y pasa, despreciando lo que hay y es, y en ello hay tanto conflicto, que he expulsado en tantas sillas de terapia, en tantas columnas de un periódico, quizá dándole vuelta, como siempre un poco rodeando. No hay algo diez pasos adelante más gratificantes que esto que es ahora, que este pie que aterrizó, que estas piernas que se mueven, que lo palpable y presente, pero bueno, que alguien me recuerde todo esto en un día donde todo me preocupa y no escucharé nada, se me cierra mundo y son más preguntas que las respuestas que me llueven.

Puedo pensar y creer, que es porque desde pequeños nos enseñaron a trabajar en el futuro, la expectativa, el saber para ser, para soñar futuro y muy poco del estar presente, de ser eso que somos en el momento, con lo poco o mucho, pero estar ahí (ahí: lugar del que hablo tanto, la utopía de mis sueños, guarden concepto para futuras referencias) obviamente vivimos y más en la niñez donde el mundo es novedoso, de colores, de juegos, del descubrir y es todo maravilloso; pero si hay una gran parte que nos dejan en una isla lejana, como si tuviéramos que buscar el éxito y la felicidad en otra parte, porque siempre los venden juntos y en una tierra muy lejana y que no hay fórmula y mapa para ello, todo fuera, todo estas siguiendo las flechas.

Últimamente me encuentro deshebrando tanto de mi vida, ¡sí!, como abriendo el mismo músculo y saber qué hilos me mueven, que me hace ser esto y porque puedo llegar a ser a momentos tan incongruente, tan nociva, tan viciosa, lenta y terca. Y debo de admitir que no siempre cuando me doy un clavado dentro, encuentro todo lo que yo quisiera, me doy cuenta que me he inventado historias, he encontrado tantas mentiras, como el pan de cada día, encuentro miedo, miedo como la cuna que tantas veces me arrulla y me paraliza en nada, he encontrado tanto que hace que menos todo tenga sentido.

Y es ahí donde recuerdo que siempre estamos a medio terminar, a 40 minutos de salir del horno, arte incluso, un libro que no llega a la trama. Pero bien, también estoy aprendiendo aceptarlo, cambiar, modificar, mutar y entender. No todos nos cocemos en el mismo hervor he escuchado y a mí me hacía falta tanta agua.

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